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La noche del cazador

Esta tierra es mía, La vida privada de Enrique VIII, La tragedia de la Bounty o Testigo de cargo son títulos de grandes películas de la historia del cine, de esas que nada más oír el nombre hacen que un pelotón de imágenes, recuerdos y sensaciones caigan de repente sobre nosotros. Estos títulos además de ser grandes obras tienen otra cosa en común. En todas ellas aparece un actor de los que dejaron huella. Un actor alabado por unos y tachado de caprichoso por otros. De lo que no hay duda es de que en la faceta interpretativa era uno de los grandes. Estamos hablando de Charles Laughton.

Nadie duda, como decíamos, que en el terreno interpretativo Laughton era una “bestia” cinematográfica, sin embargo, más allá de esta faceta hay que destacar su labor como director. Sólo realizó una película pero a juzgar por el resultado, si no se hubiese producido el rechazo entre la crítica que supuso el abandono del actor tras las cámaras, seguramente ahora tendríamos algunas joyas más que destacar dentro de su filmografía como director. Estamos hablando de la película La noche del cazador.

 La noche del cazador
Ben Harper es un ladrón y padre de familia que antes de ser capturado y metido en prisión logra llegar a su hogar y esconder allí el botín del último robo. Una vez en la cárcel compartirá celda con el predicador Harry Powell quien, tras descubrir lo ocurrido gracias a que el convicto habla en sueños, irá al encuentro de la familia de Harper para apoderarse de dicho botín.

Un cuento, una fábula. Un cuento fabuloso que nos arrastra de principio a fin. La noche del cazador atrapa poderosamente en su historia. Huímos junto a los dos niños temerosos del diabólico predicador. Un relato pintado bajo un poderoso expresionismo alemán. Juegos de luces y sombres que construyen unos espacios realmente impactantes. Planos que uno tras otro van desgranando imágenes que, aunque parezca difícil, resultan cada vez más interesantes.

La noche del cazador
Escenas que ya jamás se borrarán de nuestras retinas. El coche bajo las aguas, por ejemplo, una bárbara imágen de muerte que sorpresivamente, gracias al propio movimiento de las aguas desprende unos sentimientos vitales difíciles de olvidar.

La noche del cazador
Interpretaciones espectaculares que no hacen más que acrecentar el goce visual que el espectador siente. Un terrorífico Robert Mitchum y una breve pero magistral Shelley Winters acompañados de una no menos mítica Lillian Gish son el trío protagonista de la película junto a los dos niños Billy Chapin y Sally Jane Bruce.

La noche del cazador es pues el cuento del lobo elevado a su máxima potencia, una joya que no hay que dejar de ver.

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