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Nervios rotos

Famosa se hizo Elle Driver la enfermera que, con parche sobre el ojo y uniformada, con nefastas intenciones se acercaba a La Novia quien, víctima de la matanza perpetrada por Bill, permanecía inconsciente en una cama de hospital. Dicha escena perteneciente a Kill Bill. Volume 1 de Quentin Tarantino se vuelve mucho más inquietante al estar bañada por un silbido penetrante, una dulce melodía que contrariamente presagia un desastroso final. Dicha melodía se erige como columna vertebral, no de Kill Bill sino de Nervios Rotos (Twisted Nerve), película británica dirigida por Roy Boulting en 1968. Del mismo modo que ocurría en M, el vampiro de Dusseldorf el silbido creado por Bernard Hermann, se convierte en un personaje más de la película. Un personaje que anticipa las peores intenciones. Un sonido que inquieta y que pone en alerta todos los sentidos del espectador conocedor, desde el principio de la película, de la terrible doble personalidad que padece el protagonista.

Martin es un joven sobreprotegido. Su madre le ha mantenido en una especie de burbuja de mimos y consentimientos influida en gran parte por la enfermedad que padece el mayor de sus hijos, el Síndrome de Down. El joven es alguien frío, egocéntrico y sin sentimientos por nadie. Aunque su familia lo desconozca, o no lo quiera ver, Martin también está enfermo. Sufre de doble personalidad y pasa a ser el pérfido Martin o el dulce y aniñado Georgie alternativamente. Pero los verdaderos problemas llegan cuando Martin conoce a Susan y ésta pasa a ser su principal obsesión.

Con un esquema bastante típico de las películas de suspense en las que los protagonistas son acosadores, ésta se convierte en una interesante propuesta de intrigas a plena luz, un terror que se cierna sobre la normalidad del día a día. La calma de Martin, su tranquilidad, su pasmosidad ante los crímenes es lo que más pavor causa en un espectador rendido a la angustia de conocer de antemano el peligro que se acerca al resto de confiados personajes. La delicadeza con que, por ejemplo, toma las piernas de Susan para juntarlas y poder atarlas muestra una inusitada ternura.

Planos de una sutil belleza como el que refleja el momento en que Georgie queda derrumbado y rendido abrazado a los pies de Susan. Angustiosas escenas que muestran intensos forcejeos filmados casi desde dentro de la misma pelea. Quizás no destaquen técnicamente pero sí es justo destacar el modo en que reflejan hermosas composiciones y erotismos sutilmente atractivos.

A la interesante trama se le suma el sugestivo grupo de actores que la protagonizan, entre los que destacan Hayley Mills (Susan Harper) en un papel muy lejano del que la hizo famosa en Tú a Boston y yo a California. El inquietante Barry Foster (Gerry Henderson) también conocido como asesino de las corbatas en Frenesí o la ya habituada a películas de terror y suspense como pueden ser La Profecía o la misma Frenesí, Billie Whitelaw (Joan Harper). A la cabeza en el papel de Martin/Gergie Durnley Hywel Bennett.

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