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Tres anuncios en las afueras

A la hora de escribir una historia hay que tener varias cosas en cuenta. Pero por muchas herramientas que se tengan a mano y por muy buena que pueda resultar una historia o sus personajes, hay tres aspectos que a mi modo de ver son los más difíciles de conseguir: El tono, el ritmo y la sorpresa. Y si ya tienes estos cinco aspectos tan bien logrados, el resultado no puede ser otro que excelente.

Mildred Hayes es una mujer de 50 años que, harta de que la policía del pueblo no avance con el caso de asesinato de su hija, decide llamar la atención de todo el pueblo publicando un mensaje muy llamativo en tres vallas de anuncios en una de las carreteras secundarias del pueblo.

Que las primeras imágenes de la película no engañen a nadie. Pese a la música dramática y a los planos de las ya mencionadas vallas en medio de la carretera, la cinta no tarda en mostrar su verdadera cara de comedia negra con la primera interacción que tiene el personaje de Mildred. A partir de ahí, el tono va siendo más consistente y haciendo algo que es igual de difícil que definirlo: El ir mostrando situaciones con un humor muy negro y deslenguado para que a la siguiente escena haya un tono más dramático gracias a ese grandísimo guion en el que se destila una mala leche impresionante. Y de alguna extraña forma, funciona a las mil maravillas, similar a lo que ocurre en la serie Shameless.

Tres anuncios en las afueras

El cambio tan fluido de un tono cómico a uno más dramático refuerza esa idea de que en ningún momento el espectador puede anticipar lo que va a suceder, convirtiendo la película en algo muy impredecible en lo referente a la historia y a los personajes. Y qué personajes, que son todos unos caramelos para sus actores. Desde la protagonista Mildred hasta esos dos secundarios de lujo como son Woody Harrelson y Sam Rockwell. Ellos son sin duda los personajes más llamativos, pero todos los actores que tienen un rol relevante en el film están en consonancia con el tono. Eso solo lo saben hacer los grandes directores, y aquí Martin McDonagh lo ha demostrado.

Pero a sus personajes y a su guion no les basta con ser afilados y que cada frase sea un sonoro puñetazo sobre la mesa para destacar la voz de McDonagh. El tono también sirve como una sátira a la labor de la policía en el medio oeste americano gracias al personaje de Dixon, interpretado por Sam Rockwell. Es el típico policía arrogante y canalla, pero tiene un lado de patetismo que le evita ser una especie de antagonista unidimensional. Y frente a lo que uno pudiese pensar sobre la América profunda y su pensamiento más conservador, solo es Dixon el que puede representar a este estereotipo mientras que el resto del pueblo se dedica a recriminarle su actitud.

Tres anuncios en las afueras

Y aunque los secundarios estén muy bien perfilados, indudablemente la reina de la función es Frances McDormand. Uno está acostumbrado en el cine y en series a ver a hombres duros querer tomarse la justicia por su mano, recurrir a métodos poco ortodoxos para lograr sus objetivos y ser una clase de personas que por fuera son agrias y un tanto antipáticas, pero en el fondo el espectador sabe que tiene sus motivos para comportarse así. Sí hay casos en películas de acción o de suspense donde una mujer generalmente por venganza es capaz de idear un plan y seguirlo hasta conseguir su meta, pero es que ningún personaje puede compararse con Mildred Hayes porque no hay nadie que sea una madre común y corriente que vaya en mono a casi todos sitios y que la rabia sea un sentimiento que destila por cada poro. Y, aun así, también tiene sus momentos en los que se derrumba y se permite ser más vulnerable. Todo ello hace de Mildred un personaje para el recuerdo.

Si debo destacar algo negativo, serían un par de cosas. La primera es que los cambios de tono no son infalibles y hay veces que no funcionan, pero son la excepción. Y la segunda es que su final no da una sensación de cierre. Con el tono de humor negro y de naturalidad que hay a lo largo del metraje quizá pueda ser comprensible, pero lo sentí demasiado abrupto pensando que a continuación habría más y cuál fue mi sorpresa al ver que no. Quizá sea mejor imaginarse lo que pasa después o quizá dentro de unos años sabremos que fue de aquellos personajes.

Por ahora, me he quedado satisfecha con el juego que me han propuesto y de que Martin McDonagh por fin se haya hecho un hueco entre el gran público tras Escondidos en Brujas y Siete psicópatas.

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