Incendies

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Lejos quedan los años en los que Denis Villeneuve era un nombre asociado con Canadá y su filmografía se limitaba a dramas cargados de suspense. En su transición hacia el público más mainstream no perdió ni un ápice de su personalidad tras la cámaras, siguiendo con thrillers excelentes como Prisioneros o Sicario para luego desembocar en la ciencia ficción, desde la más intimista como La llegada hasta la más épica con la continuación de Blade Runner o la saga Dune. Hoy ha tocado volver sobre los pasos y rescatar uno de sus primeros trabajos, situado justo en el punto medio de cuando se estaba solidificando su nombre y cuando se estaba preparando para saltar a las grandes ligas.

La historia sigue a Jeanne y Simon, dos mellizos que viven en Canadá y cuya madre Nawal ha fallecido de forma repentina. Durante la lectura del testamento, además del reparto de bienes, Nawal les ha dejado una última voluntad: ambos deberán emprender una búsqueda para encontrar al padre que creían muerto y a un hermano del que desconocían su existencia. Para cumplir con este deseo Jeanne viajará a Líbano, de donde era oriunda Nawal, pero en su búsqueda hallará respuestas sobre quién fue realmente su madre.

Desde luego, Villeneuve sabe cómo comenzar la película con una secuencia potente, donde la situación por el contexto puede revolver el estómago, donde el personaje que se presupone principal va a romper con la cuarta pared apelando directamente al público convirtiendo la escena en algo mucho más incómodo y donde You and whose army de Radiohead termina de redondear las escena, dando un carácter mucho más inquietante y evocador, casando perfectamente con la historia que va a contar. Recalcar que pese a que la historia original esté basada en una obra de teatro con el mismo nombre, no he podido ver esta pieza, por lo que mi opinión solo engloba lo que es la cinta.

Y resulta llamativo que su inspiración sea una obra de teatro, pues por su estructura no habría resultado sorprendente que estuviera basada en una novela, en particular una novela concebida por la mente de Elif Shafak. Es un completo acierto dividir el foco de la historia entre el presente de Jeanne investigando el pasado de su madre, recogiendo la pistas a través de una rudimentaria investigación a lo largo del Líbano; y los flashbacks del pasado de Nawal. La información se va dosificando perfectamente hasta que ambas narrativas o temporalidades terminan entrelazándose, una buena muestra del talento de Villeneuve como realizador y del dominio del guion coescrito con Valérie Beaugrand-Champgane, ya que a pesar de intuirse el camino o la revelación a la que se encamina todo, el resultado final sigue siendo una auténtica bofetada dramática.

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Se agradece que Villeneuve tenga muy presente a lo largo de todo el metraje que al tratarse de una historia dramática que abarca generaciones que en ningún instante trate de diluir los temas por muy dolorosos que puedan resultar. Sabe mantener un muy buen equilibrio entre lo que necesita explicarse con más detenimiento como puede ser el conflicto de guerra civil en el país, las diferentes facciones o el motivo por el que ambos bandos pueden estar en una lucha encarnizada y la manera de abordar el honor en un país de Oriente Medio en cuanto a la familia o la misma sociedad; mientras que las consecuencias que viven los personajes, los detalles más explícitos se sobreentienden con el fuera de campo, silencios prolongados, planos detalle o los rostros de los personajes y sus reacciones. Y todo ello con el mérito de ser un filme largo, de ritmo pausado, con la narración fragmentada que en ocasiones uno no sabe hacia dónde conduce, cargado de imágenes poéticas que rebosan sensibilidad en un entorno hostil, donde todo tiene su motivo de ser. La historia logra mantener la atención del público desde el inicio hasta el final gracias a esa parte más detectivesca de indagar en el pasado familiar, una bola de nieve que se va haciendo cada vez más grande.

Por supuesto, nada de este trabajo estaría completo sin la labor de su reducido pero potentísimo reparto. Gran parte del mérito recae sobre Lubna Azabal y Mélissa Désormeaux-Poulin, Nawal y Jeanne, o lo que es lo mismo, madre e hija. A través de los flashbacks el retrato que se va construyendo de Nawal es de una persona increíblemente resiliente, de alguien que no se conformaba con lo que le dictase la sociedad por ninguno de los dos bandos y que aunque en el presente puede tener algunos comportamientos más excéntricos, una vez se vislumbra su pasado todo queda justificado. Y a través de los silencios y de las sutiles expresiones de Lubna Azabal todo ese viaje acaba pesando mucho más. Con Jeanne se siente muy de cerca la determinación de querer honrar la voluntad final de su madre, aunque su papel es ser también el de los ojos del espectador al ir descubriendo la historia familiar e igualmente Mélissa Désormeaux-Poulin con una mirada se sabe lo que está pensando. También aunque menores, resaltan también las funciones de Maxim Gaudette como Simon, el hijo más desentendido de todo el asunto; y Rémy Girard como Lebel, el notario que guarda una relación especial con la familia Marwan.

Hay directores con los que es fácil afirmar cuál es su mejor obra, si es a principios de sus carreras cuando no tenían miedo a nada y todas las ganas de comerse el mundo, o si son sus trabajos más recientes al alcanzar la madurez. Con Villeneuve hacer esa distinción es tarea casi imposible. Sería entendible que cada persona diese una respuesta distinta y todas serian igual de válidas. La única garantía es que la calidad es constante y permea toda su filmografía con un nivel con el que pocos pueden presumir.

LA NOTA DE FILMFILICOS

EN POCAS PALABRAS

Un trabajo sobrio, calculado al milímetro, y que pese a los temas que trata y al misterio que lo envuelve logra un equilibrio delicadísimo entre el drama familiar y la sensibilidad de autor.

4,5
Abdelghafour ElaazizCine de CanadáDenis VilleneuveDramaLubna AzabalMaxim GaudetteMélissa Désormeaux-PoulinRémy GirardSuspense
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Estrenos a vista de trailer (25/9/2026)

Autor/a

Palomiix (AKA Paloma Sztrancman)

Autobiografía: Graduada en Comunicación Audiovisual, pero eso es una simple excusa para pasarme el día viendo películas y series como si no hubiese mañana. Y si a eso le sumamos la lectura tenemos el 90% del tiempo pillado. Frase: "Dame una taza de chocolate y una buena historia. No necesito más para ser feliz".

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