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Aunque la plataforma Hulu lleva unos meses estrenando series potentes y con cierta variedad temática y de género, con tanta plataforma disponible al alcance del consumidor es habitual que algunas pasen desapercibidas si no hay mucha publicidad detrás. En el caso de hoy, ha sido Amazon Prime la encargada de estrenar esta miniserie en España, y con suerte, allí tendrá una segunda y mejor vida.

Basada en la novela homónima de Celeste Ng, la acción se sitúa en Shaker Heights, Ohio, a finales de los años 90. Se trata de una comunidad residencial idílica y casi utópica que se rige por unas estrictas normas de convivencia. En dicha comunidad Helena Richardson y su familia viven con normalidad, siendo uno de los máximos exponentes de rectitud de esas reglas sociales. Pero la llegada de Mia y su hija Pearl amenazan con poner patas arriba los cimientos de Shaker Heights y la vida de los Richardson.

Si se tiene en cuenta la novela original, se puede apreciar que se trata de una adaptación muy fiel a su texto original, donde los cambios argumentales son mínimos, los añadidos no se sienten forzados, sino que aportan más matices a los personajes; ciertos cambios del orden de los acontecimientos como espectador novato son orgánicos, y recursos literarios como descripciones largas o monólogos internos se vuelven mucho más visuales. Y, por si fuera poco, la primera escena in media res ya es lo suficientemente llamativa para captar la atención del espectador y dónde lo que importa no es el quién ha causado eso, sino el por qué.

Little Fires Everywhere

Si bien es cierto que por el tipo de historia que es, por el tipo de personajes que tiene o por los temas que trata puede recordar a Big Little Lies, logra tener el suficiente empaque para diferenciarse de ella. Aquí cada personaje dentro de la familia Richardson o de la familia Warren tiene su propia subtrama, pero no se queda ahí descolgada, pues al final cada una de las subtramas que van apareciendo en pantalla, que se van cociendo a fuego lento y que van de menos a más son claves para entender el conflicto principal. Un choque en el que los principales referentes son Helena y Mia, dos madres muy distintas en su estilo de vida y cuyos hijos se ven irremediablemente envueltos en esa colisión tan frontal.

Por un lado, Helena es una mujer muy cuadriculada, para la que todo es blanco o negro, con una falsa sensación autoimpuesta de felicidad y cuya vida sigue unas directrices de perfección muy exigentes, y al igual que ella las sigue, espera lo mismo de su familia. Por otra parte, Mia es una mujer que prácticamente huye de un pasado con más sombras que luces, con una vida nómada, dedicada al arte y con su hija Pearl como único apoyo familiar. Y como suele suceder en estas situaciones, por mucho que los padres intenten amoldar a sus hijos bajo sus parámetros personales, lo más probable es que al final acaben anhelando lo que no tienen. Es ahí donde entran las hijas de cada familia principalmente: Pearl que quiere un hogar fijo o tan solo la sensación de pertenencia a un hogar e Izzy que desea una familia en la que por un solo instante, las apariencias y el afán de perfección no lo sean todo.

Little Fires Everywhere

Pese a que ese choque de modos de vida se pueda determinar como el conflicto principal, en los ocho capítulos de la historia se tocan varios temas, primero de forma más sutil para acabar en algo bastante más explícito. Los diferentes tipos de madres y qué es lo que hace que una madre sea buena, las facilidades que tiene la población blanca frente a otras razas con su correspondiente superioridad moral (y con más ventajas aun si se es rico), como esa misma gente rica piensa que el mundo les debe algo y si las cosas no se ajustan a sus expectativas se lo toman como una ofensa personal, la facilidad con la que se puede juzgar a las personas sin tener un contexto más amplio, el clasismo y lo más importante de todo, que no hay buenas ni malas decisiones per se, pues todo viene determinado por las circunstancias personales de cada uno.

Como no podía ser menos, una disputa o disputas tan potentes debían tener unas actrices a la altura. En el caso de Reese Witherspoon, otra vez puede recordar a su Madelaine de Big Little Lies, pero si ella se siente tan cómoda con ese tipo de personajes y los interpreta tan bien poco se le puede reprochar. No se puede decir lo mismo de Kerry Washington, que, si bien en los momentos más dramáticos cumple, abusa de ciertos tics faciales para expresar lástima y disgusto. Hacer una mención importante a los responsables de casting, pues tanto los hijos Richardson como Pearl están muy bien elegidos físicamente tanto por los rasgos de sus progenitores como por sus capacidades interpretativas. Lo mismo sucede con AnnaSophia Robb y Tiffany Boone como las versiones jóvenes de Helena y Mia respectivamente, todo un acierto físico y es asombroso ver cómo las actrices captan a la perfección gestos de sus contrapartes adultas.

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