Steve se estrenó en el Festival de Toronto como una de las apuestas dramáticas de Netflix, dirigida por Tim Mielants, un cineasta que parece haberse especializado en relatos sobrios, contenidos y marcadamente melancólicos. Aquí vuelve a moverse en terrenos conocidos: personajes rotos, entornos opresivos y una mirada crítica hacia un sistema que claramente no funciona como debería.
La película se centra en Steve, director de un reformatorio para chicos problemáticos, que lucha por mantenerse a flote tanto en lo profesional como en lo personal. Su trabajo consiste en intentar sostener un espacio que ya de por sí parece condenado al desgaste, mientras su propia salud mental se resiente cada día un poco más.
De qué trata Steve
En paralelo a la historia de Steve, conocemos a Shy, uno de los jóvenes del centro, un adolescente marcado por un pasado complicado, con tendencias violentas, pero también con una fragilidad emocional evidente. La película establece un juego de espejos entre ambos personajes: el tutor agotado y el alumno perdido, dos figuras atrapadas en un sistema que exige soluciones rápidas a problemas profundamente estructurales.

El filme aborda temas como la reinserción, la violencia juvenil, la falta de recursos y el cansancio emocional de quienes intentan sostener estas instituciones. No solo habla de los inadaptados sociales, sino que señala directamente la desidia y la falta de fondo del propio sistema, que parece limitarse a contener, no a comprender.
Una mirada conocida y poco reveladora
Como drama motivacional con adolescentes problemáticos, Steve no aporta demasiadas novedades. Resulta inevitable compararla con la serie española HIT, que supo retratar estas dinámicas con mayor crudeza y complejidad. Aquí, incluso los momentos narrados con un cierto tono documental no terminan de profundizar ni de incomodar.
Cillian Murphy, convertido ya en actor fetiche de Mielants, vuelve a ofrecer una interpretación contenida, melancólica y correcta, pero también muy reconocible, casi sin matices nuevos. El conjunto deja una sensación similar a Small Things Like These: una película digna, bien intencionada, pero que se diluye en su propia solemnidad.











