Con el inicio de nuestro especial de los Oscar 2026, toca detenerse en trabajos que, pese a su corta duración, llevan consigo una carga emocional y social enorme. es uno de esos casos: un cortometraje documental Todas las habitaciones vacías de unos 34 minutos dirigido por Joshua Seftel que fue nominado al Oscar al Mejor Documental Corto este año.
De qué va Todas las habitaciones vacías
Este mediometraje nos guía a través de un proyecto profundamente delicado y necesario: documentar las habitaciones intactas de niños y adolescentes que perdieron la vida en tiroteos escolares en Estados Unidos. El corresponsal veterano Steve Hartman y el fotógrafo Lou Bopp pasan siete años visitando hogares donde las familias han decidido conservar intactos los espacios personales de sus hijos como tributo y memoria.
Las habitaciones de víctimas como Jackie Cazares, que tenía 9 años en el tiroteo de Robb Elementary en Uvalde, o Hallie Scruggs, también de 9 años en el ataque a la Covenant School en Nashville, son retratadas con una calma que duele, pero también con el máximo respeto.

Un documental necesario
Todas las habitaciones vacías no es un documental fácil. Su ritmo meditativo y su enfoque minimalista (deteniéndose en lo que quedó, no en lo que pasó) buscan romper la indiferencia ante una realidad que, para muchas audiencias, se ha convertido en estadísticas frías. Lo que aquí se muestra son objetos personales, posters, juguetes, camas sin ocupar y recuerdos suspendidos en el tiempo: muros de vidas interrumpidas que no necesitan dramatización para conmover.
En un momento en que la exposición mediática a la violencia armada puede ser abrumadora y, en ocasiones, sensacionalista, este cortometraje evita el amarillismo sin perder de vista su propósito. Acercarse a estas habitaciones es enfrentarse al impacto humano de los tiroteos, sin titulares estridentes ni simplificaciones fáciles.
La cámara de Seftel, acompañada por la empatía de Hartman y Bopp, mantiene el foco donde debe estar: en las familias y en el silencio que cada habitación representa. No hay voces en off que interpreten, solo miradas, recuerdos y ausencia. Es un ejercicio de humanidad que, a pesar de su dureza, se siente necesario.
Todas las habitaciones vacías no es solo un documental, es una llamada a no olvidar que detrás de cada tragedia hay nombres, sueños y espacios que una vez estuvieron llenos de vida. Merece la atención que ha recibido, no solo por su nominación al Oscar, sino por lo que realmente nos muestra.











