Hay documentales que analizan el mundo. Y luego están los que lo dejan en evidencia. Mr. Nobody contra Putin, nominado al Oscar 2026 a Mejor Largometraje Documental, pertenece claramente a la segunda categoría. No es solo una película sobre Rusia, ni siquiera solo sobre propaganda. Es un retrato inquietante de cómo se fabrica una realidad oficial… y de lo que cuesta oponerse a ella cuando todo el sistema empuja en la dirección contraria.
Dirigido por David Borenstein y Pavel Talankin, el documental nos lleva a Karabash, una pequeña ciudad minera cerca de los Urales. Allí trabaja Talankin, profesor y responsable de grabar los eventos escolares. Lo que empieza siendo una labor rutinaria cambia radicalmente cuando la invasión rusa de Ucrania en 2022 transforma las escuelas en herramientas de propaganda estatal. Lo que hace Talankin entonces es tan simple como peligroso: seguir grabando.
Sinopsis de Mr. Nobody contra Putin
Aprovechando su puesto como videógrafo del colegio, Talankin registra durante más de dos años el cambio que se produce en el sistema educativo ruso: clases patrióticas obligatorias, ceremonias militares, discursos nacionalistas y un ambiente cada vez más vigilado. Las escuelas, que deberían ser espacios para aprender a pensar, empiezan a convertirse en lugares donde se enseña qué pensar.
Entre actos escolares y despedidas de estudiantes enviados al frente, el documental muestra cómo el conflicto y la propaganda se infiltran en lo cotidiano. Y todo queda registrado por la cámara de alguien que, en teoría, solo estaba allí para filmar festivales escolares. El resultado es un material tan valioso como peligroso. Tanto que Talankin acabaría huyendo de Rusia para evitar represalias.

Cuando la realidad supera a Orwell
Hay momentos viendo Mr. Nobody contra Putin en los que es imposible no pensar en 1984 de George Orwell. Ese mundo donde el lenguaje se manipula, la historia se reescribe y la verdad depende de quien tenga el poder. La diferencia es que aquí no estamos leyendo una distopía. Estamos viendo un aula.
Lo más perturbador del documental no es la propaganda en sí (eso ha existido siempre), sino lo metódica que es. Cómo se introduce poco a poco en la rutina, en las canciones, en los actos escolares, en las ceremonias aparentemente inocentes. Y cómo muchos adultos, por miedo o cansancio, simplemente siguen adelante.
Por eso el título funciona tan bien. Talankin no es un héroe de película ni un gran activista internacional. Es, literalmente, un tipo cualquiera con una cámara. Un “nadie”. Pero a veces los “nadie” son los únicos que se atreven a hacer algo cuando todo el mundo mira hacia otro lado.
Mr. Nobody contra Putin no es un documental perfecto en lo formal, pero es uno de esos trabajos que importan. Porque muestra cómo la manipulación empieza mucho antes de los discursos políticos o de los telediarios. Empieza en lugares mucho más cotidianos. Empieza en una escuela.
Y por eso historias como la de Pavel Talankin son tan necesarias. Porque recuerdan algo que conviene no olvidar nunca: la verdad casi nunca la cuentan los poderosos, sino los valientes. Y al final, después de todo lo que ves en esta película, solo queda una conclusión bastante clara: ¡Puta guerra!












