Drácula (2025)

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Drácula 2025

Por mucho que con la irrupción de la versión de Eggers de Nosferatu o el colosal éxito de Los pecadores se está hablando con más frecuencia de un ¨renacer¨ de los vampiros en el séptimo arte, estas criaturas siempre han estado presentes de manera habitual en el audiovisual. Y por supuesto, el vampiro más famoso de todos, Drácula, nunca ha tenido un descanso real de adaptaciones, ya que su leyenda parte de la cultura popular tiene mil y una formas de volver a la vida. Esto ha hecho que haya versiones admiradas y celebradas como otras que por pasarse de experimentales se quedan en un despropósito. En mi opinión más personal, la cinta de hoy podría estar en un punto intermedio de ambas opciones, quizá más acomodada dentro de la primera categoría.

Basada en la novela Drácula de Bram Stoker, la historia sigue a al príncipe Vlad II de Valaquia, quien en una batalla contra los otomanos pierde al amor de su vida, Elizabeta. Tras esta devastadora pérdida, Vlad maldice a Dios, renunciando a su fe, por lo que es maldecido a vagar por la Tierra eternamente. Sin embargo, pasan los siglos y Vlad mantiene la esperanza que en algún momento volverá a encontrarse con su amada.

Si hablamos de adaptaciones de Drácula, no se puede negar el impacto que ha generado el Drácula de Bram Stoker, a nivel de tratamiento del monstruo, a nivel escénico y a nivel de los cambios desde el punto de vista de la adaptación. Lo que tal vez sorprenda más es hasta qué punto el filme de Luc Besson busca calcar tanto la película de Coppola. Desde ese inicio otorgándole toda la importancia a la relación pasional de Vlad y Elizabeta, la batalla contra los otomanos que muestran las habilidades en combate de Vlad, el rechazo contundente de Vlad hacia Dios y la Iglesia católica en particular o el propio look del conde Drácula pasado los siglos no es que busquen homenajear a la cinta de Coppola, sino que la línea de plagio es imposible de ignorar.

Drácula 2025

Pero más allá de los innegables paralelismos estéticos y temáticos hasta el punto de resultar casi un calco, la película pone su principal foco en el amor tan profundo que siente Vlad por Elizabeta, haciendo que el romance sea el centro de la historia y todo, absolutamente todo va a girar en torno a ese amor, uno que ni el tiempo ni la muerte pueden desgastar y que hace que la frase de “he cruzado océanos de tiempo para encontrarte” tenga una nueva dimensión y sea incluso más significativa. Las otras sorpresas que se encuentran en esta cinta tienen que ver con el tono y con otras referencias que toma prestadas con mucho descaro. En cuanto al tono, se podría argumentar que casi desde el inicio hay cierto punto de comedia, pero una vez pasado el prólogo la comedia llega para quedarse de forma voluntaria (esas gárgolas o el primer encuentro con María no pueden provocar carcajadas involuntarias), y el manejo de tonos si bien extraño al principio, no tarda en asentarse de forma fluida. Y respecto a otras referencias literarias resulta sorprendente ver cómo se ha tomado la trama de El perfume de Patrick Suskind para profundizar más en la búsqueda del Conde respecto a su amada, dando lugar a secuencias delirantes.

La vida sin amor es la peor de las enfermedades, amigo mío. Es como una lluvia incesante que poco a poco te corroe los huesos…

Y pese a querer fotocopiar hasta cierto punto la película de Coppola, de coger sin ningún pudor referencias literarias impensables para la historia de Drácula y de tener unos cambios de tono entre la comedia más absurda y el romance más genuino, la factura técnica del filme luce a plena vista. La fotografía cargada de grandes planos generales como si fuera la más épica de las aventuras, los vistosos vestuarios de los personajes en diferentes épocas, el cuidado por los detalles especialmente en el castillo del conde, los efectos especiales en las escenas que requieren más sangre y la banda sonora cortesía de Danny Elfman capaz de transportar a todos los lugares de la historia y potenciar todos los estados de ánimo son casi tan protagonistas como los propios actores.

Y hablando de los actores, con los cambios de tono tan bizarros que tiene la película cada uno hace un trabajo muy meritorio. Empezando por Caleb Landry Jones como el príncipe Vlad sabe lo que necesita de él en cada escena, ya sea más dramatismo, comedia de no tomarse demasiado en serio a sí mismo y en todo momento de ser la definición exacta de anhelo hacia la persona que ama. Zoe Bleu como Elisabeta/Mina corresponde a la perfección con la confusión inicial y el deseo posterior y enamora con su mera presencial al verla a través de los ojos del Conde. Y destacar también a Matilda De Angelis como Maria por ser sin lugar a dudas el personaje más desatado de todo el conjunto, brindando a partes iguales escenas muy divertidas y sangrientas.

Lo único que falla un poco es el cierre que se le da a la historia, que sin desentonar tanto con sus principios y manteniéndose fiel a las acciones de los personajes, podría tener un cierre más satisfactorio y dejando unos cabos que podrían seguir sueltos y a nadie le molestarían. Con todo esto, soy plenamente consciente que a muchos les puede parecer una tontería como película, pero pese a todo lo que toma prestado sin ninguna vergüenza, no puedo evitar sentir admiración por algo tan extraño que termina funcionando y resonando conmigo en lo que podría ser la versión más romántica de Drácula.

LA NOTA DE FILMFILICOS

EN POCAS PALABRAS

Pese a todas las referencias que coge sin ningún pudor, resulta fascinante ver como todas esas ideas, tonos y tramas cobran vida para la versión más romántica del más famoso de los vampiros.

4
Caleb Landry JonesChristoph WaltzCine francésComediaEwens AbidFantásticoGuillaume de TonquédecLuc BessonMatilda De AngelisRomanceTerrorZoë Bleu Sidel
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Autor/a

Palomiix (AKA Paloma Sztrancman)

Autobiografía: Graduada en Comunicación Audiovisual, pero eso es una simple excusa para pasarme el día viendo películas y series como si no hubiese mañana. Y si a eso le sumamos la lectura tenemos el 90% del tiempo pillado. Frase: "Dame una taza de chocolate y una buena historia. No necesito más para ser feliz".

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