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Crítica de Shortbus (2006), de John Cameron Mitchell

 En el transcurso de esta semana se ha legalizado el matrimonio homosexual en los Estados Unidos y se van a cumplir 10 años de la entrada en vigor de la ley que permite casarse a las personas de mismo sexo en España. Además, y también a lo largo de esta semana, comenzarán en Madrid a celebrarse las fiestas del Orgullo, que encima contarán con Rick Astley (nunca nos abandonará). También durante esta semana ha hecho tanto calor que se ha visto por la calle mucho torso musculado desnudo, aunque esto a lo mejor no es algo gay en sí mismo.

Por todos estos motivos, creo que es un buen momento para recordar aquí una película que, más que tratar sobre la homosexualidad, habla sobre la apertura de miras, ayuda a llegar a ella, muestra los beneficios que da y tiene el simple hecho de aceptar la sexualidad de los demás y acabar con los tópicos, algo que debería ser tan simple como lo es el aceptar que alguien en su dieta diaria abandone el pan, pues es su decisión personal y sólo le afecta a él. No veo a nadie criticar o intentar impedir que lleve a cabo esta reducción de carbohidratos, sólo porque a otro le encanten, o decirle que la comida sin pan ya no es comida, que habría que llamarla de otra forma, si quiere disfrutar de la misma en igualdad… Y es que el término Patrimonio ya estaba cogido (por la Iglesia).

Shortbus sigue a varios habitantes del Nueva York post-11S en su búsqueda de la felicidad. ¿Cuánta importancia tiene el sexo dentro de la misma? ¿O de la infelicidad? Eso es algo que cada uno tendrá que decidir por sí mismo, no para todos funciona igual, ni siquiera dentro de las relaciones de pareja la concepción de uno de los miembros tiene por qué coincidir con la del otro. La plenitud vital depende de multitud de circunstancias, también de nuestra personalidad y nuestra confianza, de nuestro entorno. Liberarse y librarse de los corsés que nosotros mismos nos hemos impuesto no siempre es fácil, llegar a ser felices es aún más complicado. Shortbus no es perfecta, pero me parece un sincero esfuerzo por mostrar sin tapujos esta lucha, por hablar de la sexualidad con humor, pero seriamente, porque no todo el mundo la vive tan alegremente como pueda parecer, ni es capaz de hablar de ella y abrirse sin pensar en todo lo demás.

Crítica de Shortbus (2006), de John Cameron Mitchell

Y ahora un aviso para mojigatos (con cariño os lo digo, por supuesto): la película tiene bastante sexo explícito, muestra abiertamente la sexualidad heterosexual y la homosexual, algunas filias y otras fobias, pero nunca resulta ofensiva para tu buen gusto. Eso sí, la imagen más potente en este sentido ocurre justo al inicio de Shortbus, precisamente, por lo que si eres capaz de superarla, habrás avanzado un nivel más, y no sólo en tu aceptación de la sexualidad como algo natural que puede mejorar la calidad de vida, siempre que sea consentida, obviamente.

Cuando yo vi la potente escena que comento, una de las que aparece en la introducción de la cinta (sabréis a la que me refiero enseguida, no os preocupéis), me estaba comiendo una pizza marca Campofrío que venía con una bolsita de queso fundido para añadir después de calentarla. No sé si imagináis por dónde voy, pero esto sí que no os lo recomiendo: no comáis pizza durante el inicio de Shortbus.

Buena música, por cierto (aunque nunca al nivel de Rick Astley).

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