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Winchester: La casa que construyeron los espíritus

Con permiso de Amityville, la mansión Winchester es una de esas casas con leyenda negra que más atención atraen. Y es que, a la hora de hacer una película de terror, el que haya un componente basado en hechos reales es llamativo y generalmente suele ser efectivo por mucho que luego se tire de ficción. Dicho esto, procedo a adentrarme por los pasillos de la mansión para desmenuzar lo que tiene que ofrecer.

Situados a principios del siglo XX, al Doctor Eric Price se le encarga un examen psicológico de la señora Sarah Winchester para ver si es capaz de seguir llevando su empresa. Para ello, deberá acudir a la mansión, una vivienda que está en perpetua construcción, solo que los fenómenos paranormales que en principio parecían imaginaciones de la anciana, el Doctor comprobará que son reales.

A la hora de contar una historia sobre un lugar real, es normal que las expectativas se disparen y haya un interés por saber el enfoque del tema. Y aquí es donde uno se encuentra con el primer problema: Que el protagonista del relato es el Doctor Price. Con lo fácil que hubiese sido contar la vida de Sarah Winchester y su familia mediante imágenes y no a través de diálogos. Además, el arco del personaje no deja de ser el de un hombre escéptico centrado en la ciencia que pasa a creyente a causa de sus demonios internos. Nada que no se haya visto con anterioridad y con mejores resultados.

Winchester

A esto se le debe sumar el hecho que los responsables de la cinta hayan querido venderla dentro del género de terror, aunque empieza muy bien acercándose a un terror gótico. Pero lamentablemente, cuando intenta dar unos escalofríos mínimos se queda en unos resultados muy pobres que tampoco aportan nada, pues los sustos son los ya clásicos jumpscares. De hecho, me atrevería a decir que funciona mejor como film de suspense que como película de terror. Nuevamente, no es nada que no se haya visto en repetidas ocasiones y que puede recordar a otras cintas como Insidious, Sinister o Expediente Warren por mencionar algunas de las más recientes, solo que con peor resultado.

Sin embargo, el elemento diferenciador de las películas nombradas es el discurso que da en torno a las armas. Y es que tratándose de la familia Winchester, la misma familia que creó los rifles de repetición, el contexto de las armas debía estar presente, algo que para bien o para mal va en concordancia con la América actual y que, en lo personal, prefería esa senda de la película sobre el uso de las armas de fuego con sus consecuencias que cuando intentaba provocarme terror.

WinchesterLo que sí es destacable es todo el trabajo que han hecho los responsables de escenografía para que la casa se sienta como un personaje más. Cómo lucen en pantalla sus pasillos, sus habitaciones y sus muebles. Si encima hay constantes referencias al número 13, esa oscuridad de alguna forma de materializa y le da un toque más siniestro.

En cuanto a los actores, todos están correctos en el rol que les corresponde. Jason Clarke como el Doctor Price se presenta como un hombre que sonríe y cuanto más se va a avanzando el metraje, esa sonrisa se va borrando de la cara a la vez que el espectador descubre su pasado. Sarah Snook como la sobrina de Sarah Winchester es un personaje constantemente asustado y Helen Mirren, con el poco margen que tiene por desarrollo de personaje hace lo que puede de forma solvente.

En resumen, los hermanos Spierig demuestran que son capaces de escoger proyectos interesantes pero que normalmente el planteamiento es mejor que el desarrollo. En este caso, el resultado es más parecido al de Daybreakers que al de Predestination.

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