28 años después: El templo de los huesos

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28 años después: el templo de los huesos

Hay algo que es impeninable en la saga de 28 días después: Cada película es radicalmente distinta a la anterior, hasta el punto de que uno no sabe qué esperar con cada nueva entrega. La única constante es la presencia de los infectados y las aterradoras perspectivas de la humanidad tras el desastre, temas que en cada nueva cinta se han ido explorando de diferentes maneras. Pero es quizás este filme el que lleva la exploración de sus temas principales a otros niveles, para bien y para mal.

Tras los acontecimientos de 28 años después, el Dr. Kelson está enfrascado en una particular relación de amistad, una que podría cambiar por completo el mundo de los infectados. Por otro lado, Spike ha pasado a formar parte de los Jimmies, una pandilla liderada por Jimmy Crystal que se dedica a sembrar violencia y caos allá por donde va.

Uno de los principales vaivenes de la saga se debe a la visión tan particular del tándem Danny Boyle en la dirección y Alex Garland en el guion. Si bien su visión y sus formas han estado presentes a lo largo de todas las películas, al cambiar de director o guionista en algunas entregas ha permitido que cada realizador y guionista aporte su particular visión en el mundo de los infectados. Por supuesto, esto no es nada raro, ya que las sagas del terror suelen pasar por incontables manos creativas y tener entregas muy particulares donde incluso los planteamientos más marcianos son una posibilidad. Sin embargo, en el caso de esta saga en particular ha hecho que cada película vaya por su propio camino, como si cada uno intentase borrar lo anterior dando problemas de continuidad. En teoría esta nueva trilogía planeada tiene objetivos de ser más compacta, aunque no diría que continuista es la palabra adecuada.

La cinta parte de dos tramas muy diferenciadas que se toman su tiempo en mostrar todas las cartas. Por un lado, la trama del Dr Kelson tiene un componente mucho más humano, de mantener algún tipo de esperanza y calma cuando parece que todo está perdido, aunque sus escenas naveguen entre la comedia y el drama más cotidiano dentro de sus circunstancias. Y por otro lado está el contraste con los Jimmies liderados por el cabecilla que claramente disfruta infundiendo dolor a todos aquellos que se cruzan en su camino, ya sean humanos o infectados, llegando a mostrar escenas que estarían más cerca del torture porn de Hostel que de una cinta sobre infectados. En ambas tramas el argumento parece que va por libre, no se tiene claro durante gran parte del metraje cuál es el objetivo de cada personaje hasta que ambas tramas inevitablemente se juntan.

28 años después: el templo de los huesos

¿Y qué sucede al fusionarse la tranquilidad con el absoluto caos? Que se produce el mejor ejemplo de caos controlado explotando por todo lo alto en el tercer acto. No queda duda de que todo ha conducido a ese momento, de que las personalidades tan contrapuestas de Kelson y Jimmy Crystal, sus formas de ver la humanidad y sus estados mentales colisionan en una secuencia que nada de lo que ha sucedido anteriormente lo podría haber anticipado, sellando los destinos de ambos. Sin embargo, no puedo negar que una gran secuencia o un gran desenlace no te hace una película entera, especialmente si lo anterior se siente que va a la deriva. O más que a la deriva como un tratamiento de capítulo de transición de una serie, uno que es consciente de que lo mejor está por llegar pero que hay que dar más desarrollo de personajes y optar por una vía más reflexiva para avanzar. Por desgracia, el desarrollo de personajes tampoco es tan potente en el primer y segundo acto. Sí, se perfilan más las dos vertientes, pero salvo a excepción del tercer acto, no es casi nada que no se viese mejor en la anterior entrega y con mucha más miga donde rascar.

Si tanto he comentado sobre esas dos figuras opuestas, es necesario darles sus flores. Ralph Fiennes como el Dr. Kelson logra construir un personaje sereno y con la capacidad de mantenerse cuerdo, pero siempre con la amenaza de sucumbir a la locura hasta el tercer acto donde se desata completamente ofreciendo una actuación memorable. Y Jack O’Connell como Jimmy es el extremo contrario, una persona chalada que se cree cuerda con traumas mucho más profundos y que vive por y para la violencia. Y cuando se juntan en pantalla son pura dinamita.

En resumen, se puede entender su enfoque en los personajes y en las vertientes de cómo el ser humano se transforma y sobrevive en el apocalipsis, pero se siente más como una película de transición en esta nueva trilogía, más como una parte del todo que como una cinta individual.

LA NOTA DE FILMFILICOS

EN POCAS PALABRAS

Una película bisagra con ideas sobre el papel que no se terminan de trasladar bien a la pantalla y que se cimienta por completo en su brutal tercer acto.

3
Alfie WilliamsChi Lewis-ParryCine británicoCine de EE.UU.Erin KellymanJack O'ConnellNia DaCostaRalph FiennesSuspenseTerror
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Estrenos a vista de trailer (23/1/2026)

Autor/a

Palomiix (AKA Paloma Sztrancman)

Autobiografía: Graduada en Comunicación Audiovisual, pero eso es una simple excusa para pasarme el día viendo películas y series como si no hubiese mañana. Y si a eso le sumamos la lectura tenemos el 90% del tiempo pillado. Frase: "Dame una taza de chocolate y una buena historia. No necesito más para ser feliz".

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