El Diablo Está Ocupado es un cortometraje nominado a los Oscars 2026 que comienza como si fuera una jornada rutinaria: una guardia de seguridad llega a su turno y la cámara observa con calma el funcionamiento cotidiano de una clínica en Atlanta. Durante algunos minutos todo parece normal. Pero cuando se revela que el lugar está dedicado exclusivamente a practicar abortos, la rutina se transforma en un escenario de tensión constante donde cada día implica enfrentarse a protestas, acusaciones y dilemas morales.
Parece mentira que en pleno 2026, con una hiperconexión global, información prácticamente ilimitada al alcance de la mano y hasta inteligencia artificial integrada en la vida cotidiana, hablar del aborto siga siendo un tema tan complejo y polarizante.
En Estados Unidos, la discusión se recrudeció a partir de 2022, cuando la Suprema Corte anuló el histórico precedente de Roe v. Wade mediante la decisión Dobbs v. Jackson Women’s Health Organization. Desde entonces, el derecho al aborto dejó de estar protegido a nivel federal y cada estado puede imponer sus propias restricciones.
El Diablo Está Ocupado no muestra todo esto de manera directa, pero sí retrata la vigilancia del lugar, la recepción de las pacientes, los conflictos con la legalidad y, sobre todo, a los activistas que se plantan afuera para manifestarse en contra del trabajo que ahí se realiza. Gritan, pintan, maldicen o bendicen según su ánimo, e intentan convencer —entre amenazas y chantajes, muchas veces religiosos— a las mujeres que acuden al lugar de cambiar de opinión.

En el documental incluso se explica que varios de los manifestantes estuvieron en la cárcel por delitos que no son precisamente menores, pero consideran que esta es la forma de corregir sus propias acciones. Sin embargo, lo único que terminan mostrando es que siguen sin entender lo que realmente ocurre dentro.
Del otro lado está el trabajo en el interior del hospital, donde más que el aborto en sí mismo se brinda apoyo, cuidados, comprensión y anonimato, en la medida de lo posible, a las pacientes. Se explica que algunas llegan con diagnósticos de malformaciones, enfermedades fetales o riesgos graves para su propia salud, situaciones en las que en realidad no hay muchas opciones.
El cortometraje logra incomodar y hacer pensar. Presenta historias reales, confronta posturas y obliga a mirar un conflicto que suele simplificarse con demasiada facilidad. El Diablo Está Ocupado, y tal vez la pregunta que deja en el aire no es sólo dónde está el mal, sino desde dónde decidimos mirar: si desde dentro, donde las decisiones son dolorosas pero necesarias, o desde afuera, donde el juicio suele ser más fácil que la comprensión.












