En una temporada de premios donde abundan biopics, musicales y dramas “de manual”, encontrarse con una propuesta tan incómoda como Si pudiera, te daría una patada (título original If I Had Legs I’d Kick You) resulta, cuanto menos, curioso. No es una película amable ni complaciente. De hecho, hace justo lo contrario: te empuja al barro emocional sin preocuparse demasiado por si quieres estar ahí.
Dirigida por Mary Bronstein y respaldada por A24, la cinta apuesta por un tono íntimo y asfixiante. La historia sigue a Linda, una mujer cuya vida parece desmoronarse al mismo ritmo que su estabilidad mental. Tiene que enfrentarse a la misteriosa enfermedad de su hija, a un marido ausente, a la desaparición de alguien cercano y a una relación cada vez más hostil con su terapeuta. Todo se acumula como una bola de nieve que no deja espacio para respirar.
Bronstein retrata la maternidad desde un ángulo muy poco confortable. Aquí no hay idealización ni discursos dulces: hay cansancio, culpa y desconexión. Linda no siente ese amor incondicional que el cine suele dar por hecho, y esa fractura emocional la arrastra a una espiral de autodestrucción. El enfoque psicológico se traduce en primerísimos planos, monólogos largos y escenas oscuras, casi claustrofóbicas, que buscan meterte dentro de su cabeza… aunque a veces el resultado sea más agotador que revelador.

El problema es que la película se vuelve cíclica y reiterativa. Insiste tanto en el sufrimiento que termina perdiendo impacto. A diferencia de otros títulos que han tratado el posparto con más matices (como Tully), aquí la experiencia se siente excesivamente densa, incluso exasperante por su duración.
Rose Byrne, ganadora del Oso de Plata en Berlín por este papel, carga con casi todo el peso del metraje. Su interpretación es intensa y física, muy comprometida, aunque tampoco llega a parecer una transformación deslumbrante. Funciona, pero no termina de justificar por sí sola tanto reconocimiento.
Al final, Si pudiera, te daría una patada es una de esas películas que se respetan más de lo que se disfrutan: valiente en su planteamiento, pero demasiado opresiva y repetitiva como para conectar del todo.












