Los títulos que nos colaban en los noventa tenían su propia escuela de disparates, y Agárrame esos fantasmas merece cátedra. El original, The Frighteners, viene a ser «los que asustan». Alguien, en algún despacho, decidió que sonaba mejor a película de Esteso y Pajares con sábana, al estilo de «Agárralo como puedas». Pues aquí la tenéis, tan campante, dentro de Filmfilloween 2026, el especial de terror de Filmfílicos. Y os adelanto que es mejor de lo que su título insinúa.
Sinopsis y reparto de la película
Frank Bannister (Michael J. Fox) se gana la vida como exorcista de casas encantadas. El truco, que no es poco, es que los fantasmas son colegas suyos: ellos asustan, él cobra por echarlos y todos a casa contentos. Todo va de perlas hasta que en el pueblo empiezan a aparecer muertes inexplicables y Frank descubre que hay un espectro que no está para bromas ni para repartir comisiones.
Detrás de las cámaras (y delante), la triada es de las que se apuntan en una libreta: Peter Jackson dirige, Robert Zemeckis figura como productor ejecutivo y Marty McFly en persona carga con la función. Es la película que Jackson rodó antes de irse a la Tierra Media, y se nota que se lo estaba pasando en grande. Completan el reparto Trini Alvarado, Peter Dobson, Jeffrey Combs como agente del FBI desquiciado, John Astin (sí, el Gómez Addams de la tele) y Dee Wallace, la madre de E.T., que ya tenía carnet de este universo. La música es de Danny Elfman, por si faltaba algo.
Crítica de Agárrame esos fantasmas: un guion mejor de lo que parece
Aquí viene lo que casi nadie cuenta: el guion de Jackson y Fran Walsh es bastante más listo de lo que aparenta. A primera vista es una comedia de fantasmas gamberra, pero debajo hay una premisa de timo muy bien montada: el héroe fabrica el problema y luego cobra por arreglarlo. Ese detalle no es un simple chiste, es el motor de la trama y lo que acaba metiendo a Frank en un lío del que no sale con una sábana y una sonrisa.
El humor nace de los personajes y no de la pegada fácil, y el giro hacia lo oscuro sube la apuesta sin romper el tono, que es lo más difícil de todo este subgénero. Los efectos de 1996 han envejecido mal, como suele pasar, y los fantasmas digitales tienen ya ese encanto de peli con arrugas, pero hay más imaginación en cada plano que en medio catálogo actual. Es prima de Bitelchus con más mala leche, aunque sin llegar a su delirio.

Reírse del miedo
Las películas que mezclan terror y comedia son lo mío, desde luego. Porque elijo reír, y no pasar miedo. Hay quien dice que el miedo es una forma de conocerse; yo prefiero conocerme a carcajadas, que se tarda lo mismo y se duerme mejor. Al fin y al cabo, el terror te pregunta de qué tienes miedo y la comedia te responde que no importa, que mañana hay que madrugar. O algo así. Ni yo sé qué significa esto, pero suena a que lo sé, que es de lo que se trata.
Y luego está lo de Frank, que me toca de cerca (por así decirlo). Como informático, conozco bien el negocio de que te llamen para arreglar un problema donde nadie ha tocado nada para que se estropee, casi parece algo hecho por fantasmas. En la peli lo llaman exorcismo, pero en mi gremio eso se conoce como soporte técnico.
Veredicto sobre Agárrame esos fantasmas
Agárrame esos fantasmas es de esas películas a las que el título no ayuda y que merecen una segunda oportunidad con palomitas. Divertida, con más cabeza de la que aparenta y con un Michael J. Fox que se lleva el cariño de la sala. Si algún día os llama un fantasma para cobraros por echarlo, ya sabéis quién os la recomendó.











