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Crítica de la pelicula Whiplash

En cuanto vi el trailer de Whiplash la apunté en mi lista de películas que ver, en la zona alta además. Y aprovechando que en filmfilicos cuando llegan los Oscar nos vestimos de etiqueta, nos da la locura y esta película está nominada a 5 Oscars: Mejor película, Mejor actor de reparto (JK Simmons), Mejor guion adaptado (Damien Chazelle), Mejor montaje (Tom Cross) y Mejor sonido (Craig Mann, Ben Wilkins, Thomas Curley), que mejor momento que este para comentarla.

El film trata de un joven batería llamado Andrew (Miles Teller) con gran talento y sobre todo con una gran capacidad de trabajo y sacrificio, dispuesto a conseguir su sueño convirtiéndose en uno de los mejores baterías del mundo. Para ello estudia en una de las escuelas de música más importantes del país. Es allí donde una noche conoce a Terence Fletcher (JK Simmons), director de la “Studio Band”, que viene a ser la élite de músicos de la escuela. Es entonces cuando comenzará una relación mentor-alumno tan destructiva como intensa y emotiva.

Fletcher es ese profesor que le exige al alumno sobrepasar su propio límite, porque como él mismo dice, las peores palabras que le puedes decir a una persona son “Buen trabajo”. Esta es una personalidad que encaja perfectamente con la de Andrew, alguien inseguro pero capaz de cualquier cosa por conseguir su meta, obsesionando con la música y su batería únicamente le hace falta un camino a seguir para llegar a ella, y es lo que le da este señor.

Whiplash

Sí que es verdad que tal vez el “hijoputismo” de Fletcher, en cuanto a las formas, este algo desmedido para una escuela de música (o de cualquier otra cosa) y tampoco sea algo nunca visto en el papel de un mentor, pero, es innegable lo efectivo que resulta para el espectador este tipo de personajes que con voz profunda sueltan ristras de tacos e insultos a cada cual más ocurrente estando siempre al borde del colapso (pero que luego en la intimidad son un pedazo de pan), seguramente de ahí vengan más de la mitad de los elogios hacia la interpretación JK Simmons, que ojo, tampoco digo que no los merezca.

Andrew por su parte en su papel de alumno, con una personalidad que un principio podríamos catalogar de masoquista, conforme avanza en ese tortuoso camino de locura cuyo punto de inflexión alcanza en coche (los que hayáis visto la película me entenderéis) se acaba convirtiendo en todo lo contrario.

Eso sí, durante ese camino hay un par de cosas que me chirrían un poco, por un lado la poca importancia que se le da al sentimiento de inferioridad que arrastra el protagonista con su familia, algo de lo que solo vemos una pequeña pincelada durante una cena con ellos. Y otra es la relación sentimental que surge con Nicole, ¿para qué?. Sí, sabemos que Andrew es capaz de sacrificar todo para ser el mejor, pero nos faltan datos entre esos dos personajes para poder empatizar con sus decisiones en algún momento.

Esto imagino que es consecuencia del total y único protagonismo de los dos actores principales, bueno total… también está la música. La música merece una mención a parte, es perfecta señores. Casa milimitericamente con cada escena (no es por nada la nominación a mejor montaje de Tom Cross) a la vez que interviene en el desarrollo de la historia, es por ello que es un elemento que está por encima de otros personajes, que ya no digamos son secundarios, sino directamente extras. Algo que veo totalmente lógico porque no olvidemos, esto es una película sobre música.

Así que para ir acabando y en resumen, es una película muy aconsejable, con la que os pondréis nerviosos, tensos, sudareis y odiareis, a parte de acabar con unas tremendas ganas de empezar a tocar la batería. Un tempo perfecto, para mi la película son los primeros 40 segundos de la BSO que podéis escuchar aquí:

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