Dentro del especial de los Oscar siempre hay alguna película que te obliga a bajar el tono, a dejar las palomitas a un lado y a sentarte recto en el sofá. La voz de Hind es exactamente eso. No es cine para entretener una tarde: es cine que aprieta el estómago.
Dirigida por Kaouther Ben Hania, la cinta fue la elegida por Túnez para competir por el Oscar a Mejor Película Internacional, y desde sus primeros minutos deja claro que no va a ofrecer escapatoria emocional. Parte de un hecho real fechado el 29 de enero de 2024: voluntarios de la Media Luna Roja reciben la llamada desesperada de una niña de seis años atrapada en un coche bajo fuego cruzado en Gaza. Mientras intentan mantener el contacto telefónico con ella, coordinan a contrarreloj el envío de una ambulancia. La niña se llama Hind Rajab, y su voz (literalmente) es el hilo del que cuelga toda la película.
De qué trata la película
Aunque el punto de partida podría parecer el de un documental, Ben Hania opta por la ficción con audios reales, una mezcla que le da un peso brutal a cada escena. No vemos grandes batallas ni explosiones espectaculares. Vemos teléfonos, operadores, miradas tensas y silencios que se hacen eternos.
La historia se desarrolla casi en tiempo real, acompañando a esos hombres y mujeres que intentan organizar un rescate imposible. Ese uso del espacio reducido y del teléfono como centro narrativo recuerda inevitablemente a The Guilty, de Gustav Möller, donde la tensión nace más de lo que escuchamos que de lo que vemos.

Reseña de La voz de Hind
Puede que el cine bélico esté más que trillado, pero La voz de Hind encuentra una forma distinta de acercarse al conflicto. Aquí no hay épica ni discursos grandilocuentes: hay impotencia. Y eso duele mucho más.
El guion juega todo el tiempo con la sensación de asfixia. Cada minuto parece más largo que el anterior. Ben Hania acelera el ritmo a medida que avanza la situación, como si el espectador también estuviera esperando esa ambulancia que no termina de llegar.
Sorprende lo bien que funciona con pocos personajes y prácticamente un único escenario. Lejos de hacerse repetitiva, la película mantiene el pulso gracias al trabajo de Motaz Malhees, Saja Kilani, Amer Hlehel y Clara Khoury, intérpretes que sostienen el drama con una naturalidad tremenda. Demuestran que el gran cine no entiende de geografías.
Más que gustar o no, La voz de Hind se siente necesaria. Es de esas historias que no se olvidan fácilmente, que te acompañan un rato después de los créditos y te obligan a pensar en todo lo que pasa fuera de nuestra burbuja.












