En una época marcada por la saturación de biopics musicales, dramas románticos de manual y películas que parecen envueltas como bombones demasiado dulces, encontrarse con un título como Song Sung Blue (Canción para dos) resulta, cuanto menos, refrescante. No porque reinvente el género, sino porque decide mirar en otra dirección: lejos de la fama, del éxito desbordado y de la mitificación del artista.
Dirigida por Craig Brewer, la película funciona dentro de los márgenes que propone. No aspira a grandes fuegos artificiales ni a convertirse en un relato épico sobre la música, sino que se centra en una historia real mucho más cercana: la de dos músicos sin demasiada fortuna que, movidos por la admiración y el amor por Neil Diamond, deciden formar una banda tributo. Lo interesante es que aquí no se habla de cómo se alcanza la gloria, sino de lo que significa seguir soñando cuando ya nadie espera nada de ti.
Song Sung Blue sorprende precisamente porque rompe con el esquema habitual del género. El espectador no asiste al ascenso y caída de un dúo famoso, ni a los excesos de la industria, sino a la vida de gente común que ama la música y encuentra en ella una forma de resistencia emocional. La película reflexiona sobre los sueños tardíos, sobre la dignidad de rendir tributo sin imitar, y sobre cómo el arte puede ser un refugio incluso cuando todo parece estar ya perdido.

Brewer no es un director especialmente reconocido ni con una filmografía cohesionada, pero aquí sabe manejar el tono: la cinta está impregnada de color, optimismo y esperanza, incluso en los momentos más dolorosos de la relación. Siempre queda claro que el amor y la música actúan como salvavidas.
La banda sonora, compuesta mayoritariamente por clásicos de Neil Diamond, sostiene gran parte de la emoción del relato. En los papeles protagonistas destacan Hugh Jackman, solvente y carismático como siempre, y Kate Hudson, cuya interpretación (nominada en los SAG, Globos de Oro y Oscar) encaja con naturalidad y química junto a Jackman, demostrando que a veces basta con estar en el proyecto adecuado.
Song Sung Blue no va sobre ídolos, sino sobre quienes los aman. Y ahí reside su mayor acierto.











