Una espina se clavó
En la cima de mi montaña
Y una nube se posó
Sobre mi tela de araña
Sabe Dios lo que pasó
está escrito en mis entrañas
Antonio Flores, en la cima de una montaña que no es metafórica ni emocional. Está ahí, con su melena al viento y su guitarra. Sin camiseta, con el torso desnudo haciendo malabares aferrado a su esperanza.
Así comienza el documental que su hija Alba compone para un padre que se fue demasiado pronto. Todos sabemos lo que le pasó a Antonio, el único hijo varón de Lola Flores, siempre hemos escuchado que no pudo aguantar tanto dolor y se fue detrás de su madre.
Fue un largo camino el que recorrió hasta llegar a esa noche oscura del alma que decía el poeta Juan de la Cruz. Y de poetas habla el documental, de la vulnerabilidad del que siente con tal intensidad que es capaz de impactar a miles de personas. Pero, ¿qué pasa con el artista?, ¿con el alma creativa que ha tenido que romperse y recomponerse para arrojar al mundo su arte?
Puede que esas fueran las preguntas que llevaron a Alba Flores a ponerse delante y detrás de una cámara para contar la historia de aquel hombre en parte desconocido. El cantante, el compositor, el músico, el artista, su padre. El hermano, el hijo, el marido, el cuñado, ese amigo.
Antonio hacía muchas fotos con las que armaba collages que reflejaban momentos eternos con los suyos. El documental es como un collage enorme que al principio parece caótico y poco a poco va cobrando sentido.
Dice Sabina que él, hijo de policía y ama de casa, habría firmado por empezar su carrera siendo “hijo de”. Pero viendo la trayectoria que llevó, no tuvo que ser fácil arrancar y sostenerse con el peso de su apellido. No estamos hablando de cualquiera, su madre era Lola Flores, en su bautizo estuvo Ava Gadner.
Entre retazos de aquella vida, sus amigos y familiares recuerdan a una persona noble, cariñosa, siempre dispuesto a dar a los demás y dotado de un magnetismo digno de su madre. Sin embargo, Alba necesita saber más, diseccionar al hombre detrás del mito, entender las sombras que ocultaban esa luz que se esforzaba en proyectar.

Y a fuerza de rebuscar en los recuerdos, termina llegando a la maraña de secretos, miedos y dolor que se creó con su partida. Acompañamos a aquella niña a través de un duelo que tal vez tuvo que ser mucho antes, pero que no se pudo. Y sus tías se sientan enfrente y no son ya ni Lolita ni Rosario, son mujeres respondiendo desde el dolor de unas hermanas que enterraron a una madre y un hermano en menos de 15 días.
Y su madre la mira y responde, oculta un dolor y una pena que debieron ser infinitos. Y sentada en el jardín con su prima Elena Furiase, Alba vuelve a ser una niña que recuerda a ese padre que se le fue demasiado pronto. Las veo y pienso en mi propia prima y en mí, en cómo hemos destruido juntas los muros familiares y llenado de flores las grietas que quedaron después de cada derrumbe.
Mientras Alba, su niña, la flor que siempre quiso en su jardín, se seca las lágrimas y tira para adelante tal y como él y su abuela harían.

Flores para Antonio es el homenaje que Antonio Flores merecía, para entender al genio y también la autodestrucción. La importancia de los amigos y la familia, de la red que nos sostiene y la necesidad de hablar, de romper los silencios que a veces crecen en las familias hasta convertirse en muros.
Si pudiera sembrar los campos que arrasé
Si pudiera devolver
La paz que quité, no dudaría
No dudaría en volver a reír
Si pudiera olvidar aquel llanto que oí
Si pudiera lograr
Apartarlo de mí, no dudaría
No dudaría en volver a reír
Prometo ver la alegría
Escarmentar de la experiencia
Pero nunca
Nunca más usar la violencia
Prometo ver la alegría
Escarmentar de la experiencia
Pero nunca
Nunca más usar la violencia
No se puede, Antonio, pero en fin, “Pa-ra-tu-ru-ru, tu-ru”
Espero que seas libre, allá donde estés.











