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El asesiinato de la hermana George

Cuando las luces de los platós se apagan y la gente se va, lo único que queda en escena es la falsedad de los decorados. Robert Aldrich lo sabía, es más sabía que la falsedad no sólo habita en el cartón piedra que recrea espacios inexistentes. En varias de sus películas, como por ejemplo en La leyenda de Lylah Clare, el director emitía críticas feroces al mundo del ‘star-system’ y al negocio del cine en general, no al cine sino al negocio. A la multitud de trepas que salen por todos lados, a las falsas relaciones que se crean por intereses. Dicha película no fue la única y hoy nos centraremos en otra de ellas: El asesinato de la Hermana George.

June Buckridge (Beryl Reid) es una actriz que ve como el personaje que más fama le ha reportado está a punto de ser eliminado de la serie ya que actualmente no da los frutos que el negocio espera de ella. June es malhumorada posesiva y celosa y la situación laboral no hace más que agravar la situación empujada por el alcohol. Quien más padece la situación es Alice McNaught (Susan York), su pareja, quien vive bajo el control férreo de su compañera. La existencia para ella es cada vez más irrespirable y se limita a seguir con la relación esperando a que algún día algo su cruce en sus vidas y les de la vuelta por completo. Ese algo o alguien llegará en forma de mujer, Mercy Croft (Coral Browne) quien significará la salvación para Alice mientras que significará el hundimiento definitivo para June.

Aldrich se rodea de personajes duros y marginales para crear esta crítica. Una alcohólica amargada que posee a una mujer que se cree una niña, que sigue viviendo de modo naif y que simplemente vive como una muñeca pasando de unas manos a otras, aliñado con la figura prepotente y dominante de la Sra. Croft. Pero en la película no sólo el show business salió malparado. Otros “estamentos” como el religioso fueron tocados con bastante gracia bajo mi punto de vista.

Una escena memorable como la de June metiéndose en un taxi con dos monjas, en la que no se ve más, todo queda en fuera de campo, porque no se necesita ver más. Con lo que se intuye seguramente fue suficiente para que más de uno se santiguase. En otras escenas, resumiendo de humillación para no desvelar más trama, Aldrich con gran maestría coloca a June en plano contrapicado sobre Alice, dominante. Lo interesante del plano es que cuando vemos a June ejercer la humillación, la sombra de una cruz reflejada en el techo aparece sobre ella. Casualidad la combinación humillación-dominación-religión? En el cine casi nunca hay casualidades y menos si esa casualidad se repite en más de una ocasión.

Otra escena, de hecho la que le supuso más problemas al director ya que incluso provocó que la película fuese prohibida durante años en el Reino Unido, fue una que personalmente creo que es de las escenas sexuales más desconcertantes que he podido observar. La puesta en escena en sí es bien simple, una cama, dos mujeres y el resto lo imagináis. Pero lo desconcertante no es eso. Sino lo que las envuelve. Se generan unas sensaciones tan ambiguas que el espectador no sabe muy bien donde ubicarse. ¿Que estamos viendo? Sexo, sí ¿pero qué tipo de sexo? Alice primero es reticente pero cuando accede ¿a que accede? ¿Estamos ante un tipo de prostitución que ella conoce y acepta o es simplemente una mujer trastornada por su pasado que busca afecto maternal? ¿Quiere a Mercy como mujer o como a alguien que la proteja? La escena es un continuo aceptar-rechazar, una mezcla de erotismo y puerilidad que funciona precisamente ahí, en su desconexión.

En conjunto El Asesinato de la Hermana George se convierte en una obra que navega por los finales, el final de una carrera, el final de una relación, sin dramatismos ni melancolías. Sólo con la dureza y la crudeza que nos rodea, a esa a la que le apartamos la mirada, a la que seguimos empeñados en no afrontar.

Critica de la pelicula El asesinato de la hermana George
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