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Crítica película La bruja

Después de que la pasada década en cuanto al género del terror fue la época de los remakes, secuelas, precuelas y demás películas en las que la originalidad brillaba por su ausencia, a partir del 2010 parece que se ha dado un giro y cada año nos van llegando cintas de calidad y con ideas frescas como Babadook o It Follows. Este también es el caso de la película que vengo a comentar hoy.

Nos situamos en 1630 en Nueva Inglaterra. Nuestros protagonistas son una familia de colonos cristianos (un padre, una madre y sus cinco hijos para ser más concretos). Todos ellos viven solos cerca de la frontera de un bosque, y todo parece ir bien hasta que el menor de los hijos desaparece, junto con otra serie de eventos, hará que los miembros de la familia empiecen a dudar los unos de los otros y que no todos son lo que parecen.

Quiero aclarar de entrada que quien espere ver una película donde haya sustos que le hagan saltar de la butaca, va a sentirse muy decepcionado. Para mi sorpresa, la ópera prima de Robert Eggers (cuesta creer que sea su primer largometraje) guarda más parecido con El Bosque de lo que aparenta a simple vista. No estamos antes una película de miedo, estamos ante una película que nos habla sobre el miedo y las consecuencias que supone eso. Somos testigos de como el miedo puede transformar a las personas  por sus creencias. Pero, ¿llega a asustar en algún momento? Sí. Eso es gracias a la impresionante atmósfera que crea en la que casi de inmediato te sientes trasladado al siglo XVII con ese gran bosque de telón de fondo que no te atreves a adentrarte en él, esa fotografía tan fría que consigue meterte el malestar en el cuerpo, los planos de larga duración y el constante juego con el fuera de campo.

Por otro lado, creo que su mayor virtud es también su mayor defecto. Me explico: Con todo ese malestar creado, esperas que pase algo malo en cualquier momento. Y cuando pasa, te sientes en cierta forma satisfecho pero por otro lado ya te lo esperabas y necesitabas que pasase ese “algo”. También es un arma de doble filo el meterte dentro de esa familia, en la que llegas a sospechar de todos y no sabes quién dice la verdad. Aunque he de decir que el final sí me dejó muy satisfecha, inquieta y con ganas de ver más, sobretodo por su protagonista, Anya Taylor-Joy, que es para mí el alma de la película y estoy deseando verla en futuros proyectos.

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