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Crítica de la película Le Mans 66

Una decepción. Eso es lo que he sentido tras ver «Le Mans ’66», y era complicado porque mezclaba dos cosas que me gustan desde pequeño: el Ford GT40 y el odio a Ferrari (soy más de Lamborghini, lo cual sé que es ridículo porque nunca voy a tener ninguno de los dos).

Primero repasemos sus nominaciones en los Oscar. Ridículas:

  • Mejores efectos sonoros: Bueno, vale, la verdad es que las carreras suenan bien, y los coches, y los motores, y los frenazos… ¿por qué no?
  • Mejor sonido: Digo lo mismo que antes porque nunca nadie ha sabido distinguir estos dos premios.
  • Mejor montaje: Repito, las escenas en carrera es lo mejor que tiene «Le Mans ’66», pero de ahí a llevarte mejor montaje cuando en el resto de film NO PASA PRÁCTICAMENTE NADA…
  • Mejor película: Esta es la que más me gusta, es que me encanta. Es decir, no hace falta tener ni mejor actor/actriz principal o secundarios, ni mejor guion, ni siquiera mejor director, para que te nominen a mejor película. Bravo. Bravísimo, de verdad. Todo con mucho sentido y sobre todo criterio.

Ford GT40

Como os comentaba un poco más arriba, tenía bastantes expectativas puestas en «Le Mans ’66», aparte de una historia que me atraía (ver como Ford desbancaba a Ferrari en Le Mans), tenía un reparto bastante bueno con Matt Damon, Christian Bale, Jon Bernthal… pero por lo que sea se ha quedado en nada, mal, todo mal.

El principal problema es el guion, predecible a más no poder, aún no teniendo ni idea de la historia de Ken Miles y Carroll Shelby se ve venir todo desde varias millas de distancia. Quizá aún este cegado con la decepción, pero creo que, por ejemplo, ni se comenta como o por qué se conocieron los dos protagonistas, y el final… ¡ah, que final! abrupto como un mal frenazo cuando te comes una curva, y emotividad 0, que no sé ni si la buscaban.

En cuanto a los personajes, directamente hay algunos que podrían desaparecer y no pasaría nada, como el de Lee Lacocca, interpretado por Bernthal, que sólo está para poner caras, es ridículo. Aparte, estereotipos y americanadas por doquier que muchas veces rayan la parodia, como el aspecto de villano que le dan a Bandini en su Ferrari (nada necesario), o Shelby gastando alguna putada en el box de la escudería italiana y éstos gritándose como locos, como en cualquier puto gag de «Padre de Familia». Insisto, es ridículo.

Y es una lástima, porque únicamente con lo característico de la persona de Ken Miles ya tenías media película hecha, un tío con carácter pero un experto en lo suyo además de un excepcional piloto, y también tienes a Carroll Shelby, otro con la velocidad en el ADN que además tenía la tarea de fabricar un coche campeón para Ford.

Mención especial para las reflexiones «profundas» sobre la vida utilizando como metáforas los coches y las carreras, usando por supuesto vocabulario de este mundillo, bueno no, en realidad sólo la palabra «revoluciones». Revoluciones por aquí, revoluciones por allá, para tratar de ponernos místicos. Que yo no digo que no se pueda, si lo trabajas, pero aquí queda vacío, casi al nivel de una taza de Mr. Wonderful.

Por supuesto, también me gustaría hacer un repaso de las actuaciones. Matt Damon y Christian Bale me han dado la sensación de que estaban de paso, de que se involucraron en la película por hacer algo, en plan, «no bueno, hago esta película mientras espero a que me llamen de la lavandería». Damon nulo y Bale lo único que hace es poner un morro raro durante todo el film, imagino que llegaría todos los días a casa con los labios dormidos. RI-DÍ-CU-LO. Caitriona Balfe es, en mi opinión, la más destacable con diferencia. Personaje y actriz se comen al resto cuando aparece en plano. Ella es una de las dos cosas salvables de «Le Mans ’66».

Henry Ford II

La otra cosa, como he mencionado ya, son las carreras. Me han fascinado los planos durante éstas y la forma en que están grabadas. Ahí sí hay un buen montaje, y visualmente son muy atractivas. Los planos de los pedales o al cambio de marcha siempre funcionan bien, y todo en conjunto tiene un muy buen ritmo. Es lo que me ha ayudado a poder llegar a los créditos finales.

En resumen, una película de la que esperaba fuera una historia mimada, bien contada, con interpretaciones más que decentes y que aunque no se llevara ninguna estauilla dejara la sensación de ser una pequeña joya. Pues no, todo lo contrario, un film prescindible y que trataré de olvidar pronto. De hecho agradezco a mi dolor de culo post operación de quiste pilonidal que me distrajera de vez en cuando de semejante esperpento.

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