Hay películas que no necesitan grandes giros, ni villanos, ni siquiera una trama especialmente llamativa para dejar poso. Los amigos de Peter es una de ellas. Estrenada en 1992 y dirigida por Kenneth Branagh, que además firma el guion junto a Rita Rudner, la película propone algo tan sencillo (y tan complicado) como reunir a un grupo de amigos para despedir el año y ver qué queda de todo lo que fueron. Nada más… y nada menos.
Ambientada en una gran casa de campo inglesa durante una Nochevieja lluviosa y melancólica, la película funciona como una cápsula del tiempo: amistades que se reencuentran, reproches no del todo enterrados, sueños que no salieron como se esperaba y esa sensación incómoda de preguntarse cuándo empezó todo a torcerse. No es una película navideña al uso, pero tiene ese aire de final de etapa tan propio de estas fechas.
Sinopsis de Los amigos de Peter
Peter invita a un grupo de amigos de la universidad a pasar juntos la Nochevieja en su casa de campo. Han pasado años desde la última vez que estuvieron todos reunidos, y el reencuentro sirve como excusa para recordar viejos tiempos, compartir risas… y también sacar a la luz frustraciones, decepciones y verdades que llevaban demasiado tiempo guardadas.
A lo largo de una noche marcada por la nostalgia, el alcohol y las conversaciones incómodas, cada personaje va mostrando quién es ahora y qué ha sido de aquella persona que una vez creyó tenerlo todo claro. El paso del tiempo, las decisiones tomadas (y las no tomadas) se convierten en el verdadero tema de la película.
En el reparto encontramos nombres muy reconocibles: Stephen Fry como Peter, anfitrión y eje emocional del grupo: Hugh Laurie, Emma Thompson, Imelda Staunton, Alphonsia Emmanuel y Tony Slattery, entre otros. Un elenco coral que funciona como un reloj bien ajustado, donde cada personaje tiene su momento y su peso dentro del conjunto.

Reseña de la película
Kenneth Branagh dirige la película con una sensibilidad muy teatral, pero sin que eso juegue en su contra. Los diálogos son el motor principal y, afortunadamente, están bien escritos y mejor interpretados. No hay prisa por llegar a ningún sitio, porque la película entiende que lo importante está en las miradas, en las pausas incómodas y en lo que no se dice.
Lo interesante de Los amigos de Peter es cómo retrata la amistad adulta sin idealizarla. Aquí no hay grandes discursos inspiradores ni reconciliaciones mágicas. Hay cariño, sí, pero también envidia, resentimiento y esa comparación constante con los demás que aparece cuando uno siente que su vida no ha salido como esperaba. Todo muy humano, todo muy reconocible.
Vista hoy, la película tiene un encanto especial. No solo por ver juntos a actores que luego tendrían carreras enormes, sino porque habla de algo que no caduca: la dificultad de aceptar el paso del tiempo. Esa sensación de que el reloj avanza aunque uno no esté preparado, y de que reencontrarse con viejos amigos a veces es más duro que reconfortante.
No es una película para todos los públicos ni para cualquier momento. Requiere cierta predisposición, ganas de escuchar y de dejarse llevar por los personajes. Pero cuando conectas, lo hace de una forma muy honesta.
Los amigos de Peter no pretende deslumbrar ni emocionar a base de artificios. Su fuerza está en la sinceridad y en la manera en que refleja la amistad cuando ya no somos jóvenes, cuando las decisiones pesan y las certezas escasean. Una película perfecta para ver a final de año, cuando inevitablemente uno también hace balance, aunque no lo haya pedido.











