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Pearl

Hay que hacer memoria fuera de grandes eventos cinematográficos para recordar un año donde un director estrenase no una, sino dos películas. Y hay que hacer más memoria si ambas películas están relacionadas entre sí de forma directa y una de ellas se estrenase casi de sorpresa para deleite de los espectadores, por lo que la hazaña de Ti West durante el 2022 de ofrecer dos películas con apenas meses de diferencia resulta todavía más encomiable por muchos y buenos motivos. Hoy os hablo a Pearl.

En 1918, Pearl vive en una recóndita granja en Texas encargándose de las tareas del lugar y cuidando a su enfermo padre bajo el severo yugo de su madre. Pero Pearl no quiere limitarse a que esa sea su vida, pues ella sueña con una vida lejos de allí, una vida de ensueño como la que ha visto en las películas.

Tras el estreno de X, la noticia de que West había rodado en secreto una precuela del personaje de Pearl pilló a todo el mundo por sorpresa, una sorpresa que fue incluso a más cuando el anuncio confirmó que ambas cintas eran en realidad parte de una trilogía con una tercera parte a estrenar próximamente. Con esta pequeña revelación en mente, los retos para esta precuela eran grandes, pues debía probar que se podía contar una historia interesante a partir de un personaje previamente conocido ofreciendo algo nuevo, que aquellos espectadores que por cualquier motivo no habían visto X pudieran acercarse sin problema a este filme y que los que sí la habían visto pudieran encontrar un nexo lo suficientemente atractivo más allá del propio personaje que los devolviera a este pequeño universo.

En lo que a las evidentes conexiones se refiere la película pasa la prueba con una nota altísima, pues a través de guiños sutiles como ciertos movimientos de cámara, el paso del tiempo por las localizaciones, la música diegética y extradiegética o los temas que trata, logra una sensación leve de dejá vu que retrotrae a los eventos acontecidos en X pero dotándolos de su propia personalidad gracias a otro contexto y a la diferenciación de la puesta en escena. Porque si para la primera película la influencia más notable era La matanza de Texas, en esta ocasión no es otra que El mago de Oz, siendo los créditos iniciales, un technicolor muy suave que incrementa la sensación de estar viendo una historia sacada de otro tiempo y otro mundo muy lejano, las ganas que tiene Pearl de estar en cualquier otro sitio menos en la granja o el hecho de que su vestimenta también sea de color azul, el mismo color que llevaba Dorothy, y que generalmente se asocia a los personajes soñadores dispuestos a emprender una aventura unos buenos ejemplos de cómo esta cinta aun resultando familiar consigue destacar por sí sola.

Pearl

Pero a diferencia del filme de Victor Fleming, debajo de toda esa fachada colorida se esconden unas profundas grietas, una oscuridad dentro de Pearl que, a medida que va avanzando el metraje, queda patente el porque de esas turbaciones. Para ayudar a profundizar en el personaje, los temas del deseo femenino, el inconformismo, las desgraciadas e inevitables diferencias entre lo que se espera del compartimientos masculino frente al femenino en el hogar, el auge del espectáculo como puro escapismo así como las vertientes más alternativas de lo que puede ser este espectáculo e incluso el aislamiento (brillante la justificación de este último, conjugando nuevamente una época pretérita con los tiempos más actuales) o el propio contexto histórico de la Primera Guerra Mundial están muy presentes y esta suma de las partes constituirá el retrato psicológico de Pearl, por lo que se podría hablar abiertamente de una cinta de terror más psicológico donde por encima de todo prima el estudio de su personaje principal y su eventual caída a los infiernos en un relato ciertamente triste.

Con tan fascinante y apesadumbrado retrato de personaje, más que nunca gran parte del peso de la película recae sobre los hombros de Mia Goth, quien en esta ocasión además de ser la actriz principal también ejerce como guionista, por lo que la película es suya a varios niveles y ofrece una actuación memorable en unos de esos roles que son capaces de definir a un actor y marcar una cúspide en su carrera. Es un papel que aborda varios registros: desde las primeras escenas en las que se muestra una Pearl soñadora que desembocan en una persona más pizpireta para terminar dándose de bruces con la cruda realidad familiar y la complicada relación que mantiene con su progenitora y posteriormente agarrar la sartén por el mango mediante unas explosiones de carácter tan creíbles como inevitables. Y mención aparte merecen su escena del monólogo de cara al tercer acto y la escena de los créditos finales, pues pocas actrices podrían haberlo resuelto con tanta convicción.

Por ir finalizando, se trata de una cinta que tenía unos retos mayúsculos y sabe salir airosa de todos ellos, dándole más capas a un personaje ya visto y a la vez diferenciándola de su antecesora pero conservando la misma esencia.

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