Una de las películas que personalmente me ha acompañado durante muchos años es Prácticamente Magia (1998). Aunque en taquilla fue más bien un fracaso, el tiempo jugó a su favor y terminó convirtiéndola en una especie de clásico de las comedias románticas. Por eso, en cuanto supe que habría una segunda parte, tuve claro que no me la iba a perder por nada. Así que, con toda esa ilusión encima, hoy les vengo a hablar de Prácticamente Magia 2 (2026).
En esta nueva historia, la maldición de las mujeres Owens ha alcanzado a las nuevas generaciones. Kylie (Joey King) y Antonia Owens (Maisie Williams), hijas de Sally (Sandra Bullock), están repitiendo la larga historia de su familia, pero su madre se ha encargado de ocultarles que son brujas. Para ellas, la maldición no ha sido más que una especie de cuento de hadas; hasta que se hace presente el primer hombre que se enamora de una de ellas y muere.
La película es bastante coherente con su predecesora, quizá demasiado. Tanto, que realmente no consigue avanzar demasiado. No sé muy bien si estamos ante una continuación o frente a una especie de Remake disfrazado de nueva generación.
Me gusta la historia que plantea y, aunque sin profundizar demasiado en ninguno de ellos, percibo que se arriesga a tocar demasiados temas: un feminismo suave y sensato, magia, misterio, rebeldía, amor, drama y sororidad. Sin embargo, esta última se me antoja más como una fuerte unión familiar que como una verdadera exploración de la sororidad.
La película trae consigo una mezcla bastante curiosa de emociones. Retoma el hilo conductor de la primera entrega y explora lo que, en muchos sentidos, parece el futuro más lógico de esta familia: uno dulce, un poco melancólico y marcado por la inevitable llegada de una nueva generación. También recupera esos extraños momentos de invocaciones, hechizos y pócimas que son parte esencial de su encanto y que aquí están bastante bien logrados.
Además, se nota la integración de la tecnología en los efectos especiales. Recuerdo que algunos de los momentos más cargados de magia de la primera película tenían unos efectos bastante pobres y, en ese aspecto, esta nueva entrega sí da un salto importante. La magia luce mejor, aunque quizá parte de aquella sencillez artesanal que tenía la original también formaba parte de su encanto.
Me gusta especialmente que, en esta ocasión, el amor sea principalmente entre las mujeres de la familia. Al final, esa es la verdadera esencia de Prácticamente Magia: todo queda entre familia. Sin embargo, en el camino se sacrifica un elemento que me encantaba de la primera película: el miedo y la desconfianza de los simples mortales hacia las Owens, que le daban un toque particularmente divertido.

También me gusta que el feminismo, que resulta prácticamente inevitable por la temática de la historia, no sea radical y que en muchos momentos se maneje de una manera bastante sensata. Aunque siempre me resultará curioso que sean los hombres quienes pagan por la maldición de las mujeres Owens y, al mismo tiempo, sean precisamente los hombres a quienes ellas quieren salvar. Hay algo deliciosamente absurdo en eso.
Si algo no me gustó fue la relación entre esta nueva generación de brujas. Kylie y Antonia no tienen esa conexión de hermanas que resultaba tan importante en la historia original. Mientras una lucha por su vida, la otra apenas si aparece. Falta esa química y esa unión que Sally y Gillian (Nicole Kidman) sí tuvieron y siguen teniendo como personajes. Y, para una historia cuyo corazón está precisamente en los vínculos familiares, creo que ahí falla bastante.
La película termina claramente en un momento específico y ese final no está nada mal, aunque sí está bastante saturado de clichés. Le falta un poco de fuerza y, sobre todo, de drama. Pero después continúa. No sé muy bien por qué ni para qué, porque entonces llega un final de cuento de hadas que no termina de convencerme.
Y cuando parece que finalmente ha terminado, vuelve a cerrar prácticamente igual que la primera parte. Creo que, en la cabeza de los guionistas, sonaba como una gran idea. En pantalla, sin embargo, termina sintiéndose como una escena innecesaria.
A pesar de todo, Prácticamente Magia 2 es una película muy palomera. Hacía tiempo que no veía una cinta tan simple, efectiva y tierna, que además intentara recuperar un poco de esa sensación del cine de antaño. Tiene sus aciertos y consigue entretener, pero, para mí, no hace el honor que merece la primera parte.











