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Brimstone. La hija del predicador

En un intento por seguir reduciendo la lista de películas pendientes, el ánimo me pedía algo dentro del género thriller. Y tal vez la cinta de hoy no fuera exactamente lo que estaba buscando, pero me arrepiento de no haberle dado una oportunidad antes. Se trata de Brimstone. La hija del predicador.

La historia se centra en Liz, una joven madre muda que ejerce de matrona en un pequeño pueblo a finales del siglo XIX. Pero la calma en la que viven Liz y su familia pronto se verá interrumpida por la llegada de un predicador que parece obsesionado con Liz y que no descansará hasta encararse con ella.

Lo primero que me gustaría recalcar para mal es el innecesario subtítulo que se le ha dado al título en España, pues revela un dato que es mejor descubrir viendo la película. Pese a este desafortunado percance, el mencionado añadido no le resta ni un ápice de calidad a la cinta. Más allá de su llamativo comienzo empleando la voz en off, lo siguiente que llama la atención es su estructura narrativa. Si bien es habitual que un western pueda estar dividido en capítulos, pronto se descubre que el filme no está narrado en orden cronológico. Y aunque al principio pueda resultar una decisión cuestionable, a medida que va avanzando el metraje la narración queda justificada, pues el peso dramático va creciendo, así como la tensión, que va aumentando exponencialmente. Resaltar también los títulos que se le dan a cada capítulo, que son una sutil pero efectiva pista que indica el orden de los hechos y están en perfecta concordancia con el trasfondo religioso del relato.

Como viene siendo habitual en los westerns más contemporáneos, se alejan de esa imagen en cierto modo idealizada del salvaje oeste (pero siguen muy presentes los temas habituales del género respecto a la redención, la venganza y el afán de huir del pasado) y en su lugar se centran en plasmar un entorno muy sucio, donde la violencia está a la orden del día, donde ser mujer es prueba suficiente de que el infierno no es un mero lugar simbólico, sino que puede materializarse en la tierra; y donde la más mínima infracción está penada. Es interesante ver como se plasma la violencia, ya que hay ocasiones en las que se opta por una violencia fuera de cámara y en cambio en otras circunstancias se va a saco a la hora de mostrar una violencia explícita, ya sea contra hombres, mujeres o incluso animales. Pese a la clara predominancia masculina en las posiciones de poder y las penurias por las que pasan todas y cada una de las mujeres de la película, es estimulante el juego que se hace con Liz, pues al principio puede parecer una víctima más, pero se demuestra que es muchísimo más que eso.

“Las reglas son las reglas. Si no obedeces las reglas, eres culpable. Y si eres culpable, pagarás”

Que nadie cometa el mismo error que yo de asustarse con la duración de la cinta, porque no le sobra ni un minuto. No voy a negar que su desordenada estructura pueda expulsar a más de uno, y que su ritmo no es especialmente dinámico, pero no se hace pesada en ningún momento. Cada capítulo tiene su razón de ser y dura en su justa medida sin que se alarguen en exceso. Esta división ayuda a que cada segmento tenga cierta personalidad visual, de modo que la fotografía si plasma el archiconocido pueblo del oeste tiende a ser árida mientras que aquellos fragmentos que centrados en el aislamiento y en la crudeza más pura son más bien fríos, o que la música sobresalga más en un capítulo en particular. Y a pesar de que cada segmento se tome sus licencias, los planos secuencia con suaves movimientos de cámara, que hacen hincapié en los detalles y ponen muy inteligentemente el ojo en la cámara acaban dándole cohesión a la historia.

Brimstone

Pero la raíz de toda la historia se encuentra en los fanatismos religiosos. Es aquí donde hay que detenerse para hablar de la figura del predicador. Él encarna a la perfección la rectitud moral a la que se someten los más fervientes devotos, que utilizan las escrituras de su religión para reinterpretarlas a su manera y así justificar sus actos más repugnantes, y que se creen por encima del resto de los mortales, algo que puede recordar a la madre de Carrie. Aunque, como todo buen predicador, tiene el don de la palabra acompañado de cierto carisma que hace que toda una comunidad le tenga cierto respeto. Y lo cierto es que Guy Pearce borda las dos facetas. Por otro lado, está Dakota Fanning como Liz, quién al principio no terminaba de convencerme por el hecho de interpretar a alguien con una diversidad funcional. Por fortuna, su elección queda más que justificada a posteriori y la evolución de su personaje es muy notable, regalando un potente duelo entre ella y el predicador. Mención especial a Emilia Jones como la versión joven del personaje de Fanning, pues el parecido entre ambas es asombroso.

Si tuviera que señalar algo negativo, sin dudas sería el primer capítulo. Pero esto es por pura cuestión narrativa, ya que uno no termina de entender por completo el comportamiento de algunos personajes y por qué el predicador parece tan dispuesto a ir tras Liz. Es solo que a medida que van enlazándose los capítulos y revelándose las capas de los personajes, se justifica su forma de actuar, desembocando en un final inevitable pero satisfactorio hasta cierto punto.

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