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Endemoniada

Una fuerte tormenta veraniega al otro lado de la ventana. Una larga noche por delante. El plan perfecto parecía sentarme tranquilamente en la comodidad de mi habitación y decidir qué veía por la noche. Y ninguna advertencia podría haberme preparado para abordar la película elegida, que sin ser una persona con tendencia al uso de los superlativos, puede fácilmente ser de las películas más crueles que he tenido el gusto (o el mal gusto, según como se quiera mirar) de toparme. Os hablo de Endemoniada.

Hae-won es una mujer que trabaja en una oficina de finanzas en Seúl, pero el haber sido testigo de un intento de asesinato le está pasando factura mentalmente, por lo que su jefe le exige que se tome unas vacaciones. Hae-won pone rumbo a Moodo, una remota isla donde creció de pequeña con sus abuelos. Allí se reencuentra con Bok-nam, una amiga de la infancia que está sometida a maltratos físicos y psicológicos por parte de todos los habitantes de la isla. Bok-nam desesperada le pide ayuda a Hae-won para huir del lugar con su hija hacia un sitio mejor y empezar una nueva vida, pero Hae-won se muestra reacia a ayudar a su amiga.

Si algo ha quedado claro a lo largo del siglo XXI con el boom audiovisual exportado de Corea del Sur es que las historias de venganzas crudas las dominan como nadie. Aunque tal vez lo curioso en este caso es que tampoco empieza como una historia de venganza al uso. Pero si es notable como desde el minuto uno de la cinta hay una incomodidad que lo impregna todo sin paños calientes y lleva a Hae-won y a los espectadores a un estado de crispación donde la tensión no es que pueda cortarse con un cuchillo, sino que podría cortarse con el objeto menos punzante. Y por si alguien se pensaba que esas vacaciones en la isla iban a suponer alguna mejoría en el ambiente, no podía estar mas equivocado, pues las cosas no tardan en torcerse muchísimo más. La mera presentación de la isla Moodo y sus habitantes ya es inquietante de por sí, donde todos parecen haberse quedado anclados en el pasado, literal y metafóricamente; donde cualquier pequeña disrupción externa se ve como una amenaza respecto a su modo de vida y donde el malestar hacia una persona en particular es evidente, pues a medida que tanto Hae-won como el público van pasando más minutos en ese terreno, más claro queda que la micro comunidad de la isla ha optado por usar a una persona como saco de boxeo.

Y el filme podría haber optado por una simple atmósfera opresiva y de sugestión que incomodase hasta el punto de que traspasa la pantalla, pero no. Jang Cheol-soo parece empeñado en mostrar de las maneras más gráficas posibles el calvario al que se ve sometida Bok-nam, ensañándose con ella hasta el punto de no saber discernir si tanto sufrimiento es necesario para el detonante posterior o es solo una muestra gratuita de crueles maltratos que obligan a apartar la mirada y que cuestionan si se está ante una cinta de puro torture porn similar a lo que sucedía con Encontré al diablo. Hasta ese momento la película parecida encuadrada con más o menos claridad dentro del suspense. Pero como también suele ser habitual en las producciones surcoreanas, es muy fácil partir de un género y de un punto concreto para terminar en algo que subvierte las expectativas a pesar de que las pistas han estado ahí desde el inicio.

Endemoniada

Con esto en mente, la película gracias a la tremenda tensión y malestar que va acumulando tiene que quebrarse en algún punto, o mejor dicho, la psique de Bok-nam en algún punto tiene que gritar un sonoro basta. Y al producirse esa ruptura se presentan unos cambios en el desarrollo de los acontecimientos tan sorprendentes como inevitables. Entre las acertadas decisiones tomadas, se aparta a un lado las perspectiva de Hae-won, quien hasta entonces había sido la clara protagonista del relato para centrarse en la acción y reacción de Bok-nam, quien después de tantas penurias deja de ser tratada como un objeto donde todos los seres desalmados de esa isla pagan sus frustraciones a ser un sujeto de acción. Las consecuencias de este desarrollo en gran parte del segundo y el tercer acto remiten al subgénero del rape and revenge más puro, donde esa venganza de Bok-nam contra sus verdugos es difícil que no resulte satisfactoria. Lamentablemente, todo esa camino de venganza en sus minutos finales deja un regusto muy agridulce, donde el desenlace desde luego que podría haber sido otro mucho más satisfactorio.

Con un entorno tan hostil resulta difícil que los personajes despierten algún tipo de simpatía. Incluso a la propia Bok-nam cuesta cogerle aprecio con un primer vistazo. Sin embargo, que todos los personajes sean absolutamente deleznables y personas con las que uno no querría toparse jamás no quita para que los actores hagan un gran trabajo dándoles vida. Desde lo increíblemente fría y cobarde que es Ji Seong-won como Hae-won (quien debería tener un premio a la peor amiga de la vida) pasando por los absolutos monstruos que son Man-jong y Baek Su-ryun como la anciana que lleva la batuta del lugar, una señora que desalmada aun siendo el mejor adjetivo para describirla se le queda corto, hasta llegar a Seo Young-hee como Bok-nam, cuyo trabajo psicológico de quiebre no necesita palabras una vez ha llegado al punto de no retorno.

Por ir resumiendo, se trata de una muy notable adición al inabarcable catalogo de venganzas surcoreanas pero que en esta ocasión tal vez hubiera estado bien que viniera con alguna advertencia respecto al contenido.

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