Ya os lo contamos en nuestra presentación del 41 Cinema Jove: el festival arrancaba el 19 de junio en el Teatro Principal. Pues bien, ya estamos dentro, con la libreta llena y algo que no nos había pasado nunca en catorce años de acreditados: la gala se nos hizo corta. Lo decimos en serio. Y eso, en una gala de inauguración de festival, donde uno suele empezar a mirar el reloj a la media hora, tiene su mérito.
Mucha música, mucho ritmo (quizás demasiado)
María Albiñana, directora del festival, había avisado de que la ceremonia sería «una gala elegante, plurilingüe, musical y con un toque punk», y la verdad es que no se quedó corta. La gala, dirigida por Jaime Pujol con dirección escénica de Mamen Mengo y dirección musical de Víctor Lucas, alternó castellano, valenciano e inglés para reflejar la dimensión internacional del festival.
Sandra Cervera y Juanjo Pardo se encargaron de presentar la noche, pero el verdadero hallazgo fue el trío musical que les acompañó en todo momento sobre el escenario. No se quedaron de fondo: participaron activamente durante todo el desarrollo de la gala, interactuando con los presentadores constantemente. Tan constantemente que, en algún momento, daba la sensación de que la broma se estiraba un poco más de la cuenta y que el chiste musical iba a comerse el discurso. Pero hay que reconocerles el mérito: ese pulso constante entre presentadores y banda es lo que le dio a la gala el dinamismo que muchas veces le falta a este tipo de actos. Funcionó. Y mucho.
También nos gustó el detalle de la butaca vacía como imagen central de la noche, una metáfora sobre el papel del espectador que, según el festival, reaparecerá en la clausura del 27 de junio. Pequeños gestos que dan coherencia a todo el discurso del festival, que lleva tiempo insistiendo en la idea de complicidad con el público.

Félix Sabroso, una Luna de València muy merecida
Si la gala tenía un centro de gravedad, era él. El festival no entregaba este premio a un cineasta español desde hacía ocho años, y la elección de Sabroso, guionista y realizador que ha sabido moverse entre la comedia más desatada y el drama más desgarrador, entre el cine y la televisión, sin perder nunca su voz, tiene todo el sentido del mundo.
Antes de la gala, Sabroso compartió un encuentro con el público conducido por la propia Albiñana, que destacó «la versatilidad y la capacidad de reinvención sin perder la esencia» del cineasta canario. Sabroso, visiblemente emocionado por el reconocimiento, aprovechó el momento para lanzar un mensaje directo a las nuevas generaciones de cineastas: «Mi consejo para la juventud es la rebeldía». Y fue más allá, animando a los jóvenes creadores a buscar su propia voz sin ceder al algoritmo que imponen hoy las plataformas, un consejo que, viniendo de alguien que actualmente tiene una de sus obras más libres en HBO Max con Furia, suena especialmente legítimo.
Porque ahí está la gracia de Sabroso: pasó de la comedia de los noventa con Dunia Ayaso a guionizar Veneno, a dirigir Mentiras pasajeras para El Deseo, y ahora a una serie que ha hecho hablar al New York Times y a Time, sin dejar nunca de sonar a él mismo. Si el premio Luna de València reconoce una mirada y no una sola obra, difícilmente había mejor candidato esta edición.
The Patron abre el telón
Tras la gala llegó el plato fuerte de la noche: la proyección de The Patron, la película sueca de Julia Thelin que abre la Sección Oficial de Largometrajes. La directora estuvo presente junto a la protagonista, Carla Sehn, lo que añadió ese punto de cercanía que tanto nos gusta del festival: ver a la gente detrás de la pantalla justo antes o después de verla en ella. No nos vamos a explayar con la película (de momento), pero sí podemos decir que el thriller sobre una limpiadora que se hace pasar por mecenas de arte fue una elección de apertura con bastante más mordiente del que suele verse en estas galas.

Una pequeña espina: los palcos y la cobertura
Y ya que estamos, una nota que llevamos años queriendo soltar. El Teatro Principal es precioso, tiene solemnidad de sobra para una gala de inauguración, pero sus palcos (sobre todo los laterales) no están pensados para ver una película. Parte de la pantalla queda tapada, y cuando llega el momento de la proyección tras la gala, uno empieza a hacer equilibrios con el cuello que no son los más cómodos del mundo. No es un drama, pero sí algo que el festival podría revisar de cara a futuras ediciones, sobre todo teniendo en cuenta que la sala se llena de invitados que vienen a ver cine, no solo el espectáculo previo.
Y se echó en falta, también, una presencia más activa de À Punt como ente público de la Comunitat Valenciana en la cobertura de la noche. Un festival de esta dimensión, con tanta vocación internacional, debería tener detrás una televisión autonómica más visible y con más peso en la retransmisión del evento. Son matices, pero que sabré yo…
Arranca el festival de verdad
Dicho todo esto: buena gala, mejor premio y una primera noche que deja con ganas de más, que es exactamente lo que tiene que hacer una gala de inauguración. A partir de aquí, toca ponerse el mono de trabajo: cine, cine y más cine. Nosotros seguimos aquí, contándolo. Tienes toda la información en el sitio oficial del festival.











