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Un lugar tranquilo 2

Tal y como reza parte de su marketing, la espera ha terminado. Una espera que se ha hecho más larga de lo habitual debido a la pandemia y su estreno se siente casi como si se cerrase un pequeño círculo. Pero para todos aquellos que nos quedamos con ganas de más tras el final infartarte de la primera película, por fin ha llegado el momento de saber cómo continua la historia y de comprobar si las buenas sensaciones de su antecesora se mantienen.

Tras los terribles acontecimientos de la primera película, la familia Abbott debe buscar un nuevo refugio donde tendrán que intentar sobrevivir. Pero en su travesía descubrirán que hay más peligros aparte de las criaturas que cazan guiadas por el sonido.

Como toda segunda parte, las principales funciones que tiene son las de justificar su existencia por medio de una trama interesante y expandir el mundo creado en la primera entrega. Y lo cierto es que ambas tareas las cumple con nota alta. El justificar su razón de ser queda patente solo por el final de la primera cinta, donde uno podía imaginarse lo que ocurría a continuación con mejor o peor fortuna, pero a todas luces se prestaba a una segunda entrega, y la expansión del mundo la hace de la mejor manera, ofreciendo novedades mientras que los puntos que hacían distintiva a la primera película permanecen intactos, incluyendo la tensión.

Un lugar tranquilo 2

Repitiendo el mismo esquema de presentación que la primera cinta, se muestra una escena crucial de la familia Abbott en modo flashback que pone al espectador en alerta durante todo el metraje, funciona con creces como ejercicio de empatía con ellos y es uno de los puntos álgidos del filme. En esta ocasión la secuencia inicial empieza poniendo toda la carne en el asador, sentando las bases para una secuela menos minimalista y dado que el espectador puede intuir lo que va a suceder, hace que la agonía se prolongue en el mejor de los sentidos, sintiendo la tensión y la angustia en cada fibra de su cuerpo. El trabajo de John Krasinski detrás de las cámaras sigue resultando formidable, pues sabe jugar de manera modélica con la tensión y al mismo tiempo construye los lazos familiares. Un buen ejemplo de esta sinergia se da en la primera secuencia, concretamente en un plano secuencia que recuerda a Hijos de los hombres.

Nuevamente, el aspecto auditivo de la película está medido al milímetro, de forma que cualquier ruido muy fuerte es el equivalente a un sobresalto que puede acabar en muerte. Esto se transforma en una curiosa experiencia en el cine, donde poco a poco el público, a medida que va avanzando el metraje, logra mantenerse callado sin articular palabra o incluso dejando de comer, por lo que la experiencia resulta totalmente inmersiva. Ese montaje y jugueteo con el sonido por supuesto que incluye una vez más el silencio, solo que en esta ocasión Regan (el personaje interpretado por Millicent Simmonds) tiene muchísimo más peso en la trama, por lo que su percepción del sonido, o más bien la ausencia de sonido, es más pronunciada, dando lugar a situaciones de mucha tensión.

Si bien la expansión creada de ese mundo post-apocalíptico ayuda a mantener la tensión y resulta natural, sí es cierto que aunque los temibles monstruos merodeen a su antojo y sigan suponiendo la misma amenaza para los humanos, es inevitable que el conjunto acabe cayendo en lugares comunes de este género, siendo el hecho de que los humanos en ocasiones pueden ser peores que cualquier monstruo una de las mejores bazas que juega, algo que se reflejaba bien en ciertas temporadas de The Walking Dead en un contexto similar. La urgencia sigue estando ahí, solo que el foco es distinto.

Un lugar tranquilo 2

Y hablando de añadidos que suman, el protagonismo que adquiere Regan es todo un acierto, pues demuestra que en teoría el personaje más vulnerable puede acabar convertido en la heroína de la función. Lo mismo para Emmett, el misterioso personaje que encarna Cillian Murphy, resultando una figura paterna radicalmente distinta a la de John Krasinski en la primera entrega y siendo un personaje del que uno nunca termina de ver sus intenciones claras, algo para lo que el actor irlandés no podría ser más idóneo. El rol de Emily Blunt tampoco es muy diferente al de la película anterior, pero exprime cada minuto en pantalla y demuestra que es una madre dispuesta a todo por proteger a sus hijos, haciendo el papel completamente suyo.

Más allá de que argumentalmente pueda navegar por lugares comunes y eso le reste cierta novedad, si había algo que en la primera parte era impecable eran las reglas establecidas. En esta ocasión dependiendo de la conveniencia del guion sí hay ocasiones en las que las normas del mundo saltan por los aires y uno no puede evitar torcer el gesto. Eso y el hecho de que el final de esta entrega es claramente un final abierto que da pie a una continuación. Pero si el nivel sigue siendo de notable para arriba, servidora estará una vez más dispuesta a pasar el mejor peor rato que pueda tener.

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