En medio de lo que parece una estandarización de las películas animadas, de repente aparece un título que rompe con las expectativas más convencionales. Arco (la película de animación nominada al Oscar a Mejor Película Animada 2026) no es directamente un cuento feliz de aventuras para peques, ni una extravagancia visual sin más. Es, ante todo, una historia de esperanza, reflexión y descubrimiento, tan audaz como los universos que suelen proponer las mejores animaciones europeas.
Dirigida por Ugo Bienvenu y coescrita con Félix de Givry, Arco es su ópera prima en largometraje animado, y demuestra un talento narrativo que va más allá de la simple fantasía colorida. La película fue presentada en Cannes 2025 en la sección de Proyecciones Especiales y posteriormente ganó el Cristal al Mejor Largometraje en el Festival de Annecy, un hito de peso en el mundo de la animación internacional.
De qué trata Arco: más allá del arcoíris
La historia transcurre en dos épocas distintas del futuro, algo que puede requerir un poco de paciencia al principio. Arco, un niño de 10 años procedente del año 2932, utiliza una capa especial con la que puede viajar en el tiempo, pero las cosas salen mal y termina en el año 2075, un futuro muy diferente al suyo. Allí es descubierto por Iris, una niña de su misma edad que decide ayudarle a regresar a su hogar.
Aunque el relato tiene elementos de ciencia ficción y aventura (con viajes en el tiempo, robots cuidadores y extraños perseguidores) la película no se limita a eso. Arco trata sobre amistad, confianza y el valor de imaginar un futuro mejor, incluso cuando el presente se siente incierto y fragmentado.

Reseña de Arco: lo que vuela y lo que pesa
Lo que más llama la atención de Arco no es solo su estética vibrante y su animación 2D (una elección cada vez menos común hoy en día), sino la manera en que utiliza su mundo futurista para hacernos pensar sobre el nuestro. El guion no simplifica los temas que aborda: presencia la ausencia parental, el uso de la tecnología como sustituto emocional y la fragilidad de la naturaleza en un planeta que parece estar pagando el precio de sus propios excesos.
La relación entre Arco e Iris tiene algo de clásico y algo de inesperado. Su conexión no se basa en grandes rescates o diálogos grandilocuentes, sino en acciones sencillas: confianza, implicación y ese impulso vital de ayudar a alguien que no pertenece a tu mundo. Esta simplicidad emocional es lo que hace que Arco funcione tanto para mayores como para espectadores más jóvenes, aunque algunos peques puedan necesitar ese ojo adulto que contextualice la profundidad de lo que están viendo.
Es cierto que, para ser una película animada, Arco se toma su tiempo. Su ritmo puede resultar más pausado que el de una producción comercial típica, y quizá por eso se te pueda hacer un poco larga en ciertos tramos. Pero ese tiempo está al servicio de construir un mundo rico, complejo y sugerente.
En conclusión
Arco es una de esas películas que te deja pensando después de apagar la pantalla. No es solo una historia de ciencia ficción o fantasía familiar: es una invitación a imaginar (y cuestionar) nuestro propio futuro a través de la mirada de quienes todavía creen que todo es posible.











