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Maligno

Desde que se anunció que James Wan tenía un nuevo proyecto de terror entre manos, la noticia la recibí como el mejor regalo que alguien podía darme. Conforme iba saliendo nueva información sobre el susodicho, más altas se volvían las expectativas al ver que se trataba de una historia original alejada por completo de otras franquicias que había creado él mismo y que tenía todas las papeletas para ser una película que rindiese homenaje a ciertos subgéneros del terror. Finalmente, y casi con un secretismo hermético hasta el día de su estreno, ha llegado el momento de comprobar si la espera ha merecido la pena.

Un terrible suceso provoca que Madison tenga unas visiones sobre asesinatos que involucran a una misteriosa y aterradora criatura, pero no tardara en descubrir que esas visiones son parte de la realidad y que el ente responsable parece estar muy relacionado con ella.

Desde su magnífica secuencia inicial y los igualmente espectaculares créditos iniciales, la cinta va a saco y establece las bases de lo que va a encontrar en el espectador entre sus escenas: Un divertimento sin ninguna clase de complejos que no termina de tomarse muy en serio a sí mismo y que es un pastiche de referencias, y todo ello en el mejor de los sentidos. Es decisión del espectador el entrar al juego que propone Wan o rechazarlo por completo, pero si se deja guiar un poco le espera un viaje alocado que dinamita casi cualquier preconcepción.

Maligno

Si bien es cierto que sus dos primeros actos pueden resultar en teoría más convencionales, las referencias al género del terror son constantes. Es fácil señalar los retazos de Dario Argento, Brian de Palma, John Carpenter, Wes Craven, David Cronenberg o incluso a la filmografía más antigua del propio James Wan, haciendo hincapié en Saw o Silencio desde el mal. Por lo que teniendo tantos ingredientes sobre la mesa, en esa imposible batidora caben el suspense de una investigación policial, cierto aire gótico durante el inicio del filme, los colores característicos del giallo, un slasher con altas dosis de gore y mala baba o incluso una buena ración de body horror.

 

Y lo más interesante de todo es que a pesar de beber de diferentes fuentes, o mejor dicho, rendirles un pequeño homenaje a todos esos subgéneros del terror, es que el empaque visual que le da el realizador logra tener la suficiente personalidad para que no quede limitado a un pastiche de ideas, sino que se nota el trabajo que hay detrás para tratar de crear algo muy particular. Un buen ejemplo de ello es una secuencia de tensión característica del terror a base de planos cenitales en la casa de Madison, el juego con las expectativas sobre los jumpscares y como va jugueteando con las expectativas del propio espectador hasta hacer que vuelen por los aires y no ir por el camino fácil, los mencionados colores del giallo, especialmente el rojo que enfatiza los momentos de mayor tensión, augurando algo terrible o las diferentes elecciones musicales, desde una banda sonora de estridentes violines hasta unos sintetizadores que aportan un punto cómico.

Pero esos dos primeros actos no son más que una prueba (disfrutable, eso sí) de paciencia hasta el tercer acto, donde Wan abraza por completo la serie B y la parte más lúdica de su propuesta sin que descarrile, demostrando que, efectivamente, es una película que no hay que tomarse demasiado en serio tal y como viene advirtiendo el tono camp. Solo que una vez se destapa todo, es tan alocada que es imposible no esbozar una sonrisa por la ruptura con cualquier teoría y con los convencionalismos del cine de terror actual. Y entiendo que ese giro del tercer acto mientras algunos lo amarán, otros lo detestarán y sentirán expulsados por completo de la cinta alegando que se trata de una locura o simplemente de una gran tontería. En ese caso, no podría negar que entiendo dicha opinión, aunque por mi parte es una locura tan autoconsciente y buena que solo puedo abrazarla con fervor y arrojarme a sus brazos agradecida.

Maligno

Sin tener un reparto especialmente conocido, dentro de lo bizarra que puede llegar a ser la película, todos son conscientes con qué tono jugar y no hay ninguno que desentone tomándose muy en serio su trabajo. Y en el caso de Annabelle Wallis, no es la mejor actriz, pero también se tira de cabeza a la piscina dejándose llevar por toda la espiral de locura y diversión que le exige la cinta, sobre todo de cara al tercer acto.

En líneas generales, es un placer reencontrarse con un trabajo original de James Wan y comprobar que sigue teniendo intacta la capacidad para sorprender y reinventarse, demostrando porque es uno de los nombres propios del cine de terror actual. Y es un placer que Warner le haya dado carta blanca para hacer exactamente lo que él ha querido y que haya llegado incluso a estrenarse en los cines, pues en manos menos hábiles de otra persona una historia como esta habría acabado en los estantes de un videoclub, u hoy en día desterrada en el fondo del catálogo de alguna plataforma.

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