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Politécnico - Crítica de la película

Tras capitanear proyectos mastodónticos como Dune o La llegada, por mencionar unos pocos, lo cierto es que Denis Villeneuve con paso firme se ha convertido en un nombre conocido entre los seguidores acérrimos de la ciencia ficción, capaz de encandilar tanto a cierto sector de la crítica como a un amplio espectro del público. Pero antes de que su nombre estuviera asociado con este género en particular también demostró ser una realizador muy notable de thrillers con repartos muy llamativos, siendo Sicario o Prisioneros buenos ejemplos de ello. Y la película de hoy se encuadra más en el segundo grupo, solo que con un reparto a priori menos llamativo pero igual de efectivo y que antes de que su nombre fuera conocido ya demostraba mimbres de un buen director. Os hablo de Politécnico.

La cinta se sitúa en el 6 de diciembre de 1989 en Montreal, concretamente en la Escuela Politécnica de la ciudad. Ese día un hombre entró a la escuela armado con un rifle con el objetivo de asesinar al mayor número posible de mujeres.

A la hora de tratar de narrar este tipo de eventos fatídicos uno debe tener tacto, ya que en gran parte es una forma de rendir tributo a las víctimas, pero al mismo tiempo debe saber que está manejando un asunto espinoso sin quitarle ninguna gravedad, algo que por ejemplo Paul Greengrass hace muy bien con el añadido de que las cintas generen la suficiente tensión. Villeneuve tiene la suficiente inteligencia para que durante los primeros minutos del filme el espectador se ponga en contexto con lo que ha sucedido y a partir de ahí ir indagando en los personajes y las consecuencias, por lo que sabe manejar muy bien ese equilibrio entre tragedia cotidiana y a la vez generar el suficiente impacto capaz de retorcer los estómagos más fuertes. Y como en la mayoría de estos sucesos trágicos hay varios puntos de vista, por lo que el metraje se dedique a tratar parcialmente las vidas de dos victimas y del agresor hace que se focalice la atención del espectador, por mucho que este sepa que la historia de antemano va a acabar en tragedia.

De esta forma, Politécnico intenta hacer un pequeño retrato de qué llevó a aquel joven a presentarse un día como cualquier otro en la facultad y empezar a disparar a diestro y siniestro contra cualquier mujer que se topase en su camino sin empatizar con él en ningún momento. De hecho, nada más empieza a verbalizar sus pensamientos resulta escalofriante adentrarse en su cabeza y descubrir lo que realmente piensa, haciendo prácticamente nula la posibilidad de tenerle ninguna simpatía por su desagradable y abierta misoginia, quedando como una persona fría y cruel, casi en consonancia con la nieve que no deja de caer sobre Montreal y dejando tal vez la interpretación más memorable de la cinta a cargo de Maxim Gaudette por la capacidad de llevar a cabo todas sus acciones con una sangre fría con consecuencias espeluznantes.

Politécnico

Y por otro lado se centra en dos de los estudiantes que se encontraban en la facultad. Resulta interesante el contraste entre ambos, pues Valerie, la estudiante femenina aplicada que por muy brillante que sea en el transcurso del día es víctima de tratos machistas leves y normalizados, pero machistas al fin y al cabo, algo que no hará más que explotar una vez entre el asesino en juego aunque finalmente supondrá el pequeño rayo de esperanza entre tanta oscuridad. Mientras que Jean-François es un estudiante no tan aventajado que necesita ayuda de sus compañeros pero que no es objetivo del asesino y el sobrevivir al incidente hace que cargue con la típica culpa y la duda de si podría haber hecho algo más por ayudar.

La decisión de que la fotografía de la cinta sea en blanco y negro le da a la historia un carácter solemne y lúgubre, que es exactamente lo que pide además de una sensación añadida de estar suspendida en el tiempo y le otorga un carácter atemporal, como tristemente parece que ocurre con demasiada frecuencia en Estados Unidos aunque en este caso el suceso tenga lugar en Canadá. Y pese a la gravedad de la situación, una de las características de Villeneuve es que incluso en las situaciones de mayor tensión dramática encuentra un hueco para la calma, que todo lo que rodea a las imágenes respire antes de volver a la carga y aquí no es la excepción. De hecho, se crea un juego entre los ángulos de la cámara que subrayan la locura y la ira del asesino frente a los planos detalle más de director primerizo pero que realzan esa contemplación y esa necesidad de pequeña pausa en un ambiente tan gélido y anodino. Destaca también su forma de enseñar la violencia, de modo que no rehúye de ella pero tampoco se limita a mostrarla con el objetivo de recrearse en ella, sino que sabe muy bien cuándo y cómo mostrar lo justo.

En resumen, Politécnico se mueve entre la ficción y el documental con el objetivo de homenajear a las victimas de la tragedia, una meta que consigue de forma sobresaliente y que en retrospectiva sirve para confirmar el temprano talento de su director.

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