Al llegar la última semana de junio se ha convertido casi en tradición que con un pequeño granito de arena personal busque dar algo más de visibilidad a películas con temática LGBT. Esta tarea suele devenir en que la cinta seleccionada casi con total seguridad se trate de un drama muy potente, pero en ocasiones he llegado a encontrar sorpresas positivas que se alejan del drama convencional, siendo quizás Lazos ardientes el mejor ejemplo. Y casi sin pretenderlo la película seleccionada para hoy conjura a partes iguales terror, un fuerte componente LGBT y comedia, ya que la directora y guionista no es otra que Tina Romero, la hija del legendario George A. Romero.
Un grupo compuesto por drag queens, personal del local y clientes deberán dejar a un lado sus diferencias y sus conflictos personales entre ellos para hacer frente a un brote de zombies que ha surgido en Nueva York.
Considero que lo más interesante del filme es que desde la primera escena pretende romper con ciertos clichés y no tomarse demasiado en serio. Este equilibrio entre darles un determinado grado de profundidad a sus personajes, que los personajes resulten ingeniosos o mordaces, que la idea contenga cierto tono camp y que la crítica social permee la historia sin resultar aleccionadora es admirable, aunque no siempre llega a buen puerto. El baile de tonos no siempre funciona, a los conflictos que hay que darles su tiempo para que se muestren, hay personajes que no toman las mejores decisiones o solo toman decisiones porque la trama lo así lo requiere; y hay demasiados personajes, por lo que eso también se traduce a más subtramas que no todas terminan siendo estimulantes. Está también muy presente a lo largo de toda la cinta la sensación que se trata de una producción de bajo presupuesto, algo especialmente notable en sus escenas de interior con recursos limitados, que luego compensa más con las escenas en el exterior y gran número de extras.
Pero la humildad de sus medios en ningún momento empaña la gran ventaja de la película, era lo que Romero sabía hacer a la perfección: la critica social. Lo evidente habría sido centrarlo todo en conflictos de identidad o aceptación que pueden tener las drag oueens del local o clientela y personal les mismo local encuadrados dentro de la comunidad LGBT, y si bien esos temas están presentes a lo largo de los tres actos mediante pánico escénico, desconfianza a doctores y medicamentos, las actitudes performativas de las drags VS las personas detrás de las pelucas y el maquillaje; o incluso cómo personas ajenas a esa comunidad tratan de aprender un poco más pero al no estar dentro del grupo se les niega saber más e incluso se les llega a ver como una amenaza, la mejor sátira se puede aplicar a la sociedad en general y no solo a una parte de ella. En el grueso general de esta sátira entran temas como la adicción a los móviles y en particular a las redes sociales o las actualizaciones de los famosos de turno, algo que afecta a humanos y zombies por igual; la falsedad de los influencers por juntarse con otra persona famosa con tal de ganar likes y engagement, los peligros que puede representar una empatía llevada al límite al fijarse en una característica particular, o incluso con el tema de ciertas sustancias y el paralelismo de los muertos vivientes resulta inevitable pensar en la crisis del fentanilo en Estados Unidos, particularmente entre sus poses imposibles y sus movimientos lentos.

En relación a esto último, se agradece que la cinta use unos zombies más clásicos, lentos, con poca capacidad para razonar y con unos tonos en sus cuerpos entre azules y grises, casi siendo los zombies canónicos en lugar de los peligrosos infectados. Y al hacer mención al canon no se pueden obviar las referencias a algunos de los trabajos más famosos de George A. Romero como La noche de los muertos vivientes o El amanecer de las muertos, algo que no deja de ser curioso teniendo en cuenta que las referencias suelen ser las más sombrías en un ambiente cargado de neones, purpurina, música pop y armas imposibles impregnadas de glamour decadente.
Al contener un reparto tan amplio, resulta difícil destacar a alguien en particular. Quizás por los arquetipos de sus personajes los más llamativos serian Katy O’Brian como Dre, el determinado pegamento que mantiene unido al grupo, Jaquel Spivey como Sam tiene el arco de transformación y redención más interesante de todos, y Quincy Dunn-Baker como Barry quien podría quedar reducido a un estereotipo rancio contrario a toda la comunidad y a lo largo del metraje demuestra ser un valioso aliado.
En resumen, se trata de una digna “secuela” espiritual dentro del mundo de los zombies de George A. Romero con su hija Tina Romero como sucesora del legado y ojo afilado para la sátira traída a la actualidad.











