El terror durante toda su historia ha sido un género perfecto para explorar los miedos sobre el embarazo o el posterior nacimiento del bebé. No en vano, este evento vital que se presupone positivo puede traer consecuencias negativas a la madre como el evidente cambio físico del cuerpo y la sensación de falta de control sobre el propio cuerpo, la posibilidad de contraer enfermedades durante o después del embarazo, la presión social que se construye a su alrededor sobre lo que significa ser una buena madre o los pensamientos intrusivos sobre cómo será el bebé una vez nazca o crezca. Todos estos factores reales funcionan muy bien como combustible para pesadillas, y con la película de hoy tenemos una adición perfecta de porque estos temores siguen funcionando muy bien. Os hablo de Nightborn.
Saga y su marido británico Jon se mudan a una remota cabaña en las profundidades del bosque finlandés con el objetivo de formar una familia. Sin embargo, cuando nace el bebé Saga ve de forma inmediata que hay algo raro en él, y es la única de todo su entorno que parece verlo.
Nightborn parte de un terreno conocido con una localización y un contexto muy concreto como puede ser un país nórdico, por lo que resulta complicado no establecer paralelismos con otras películas similares o incluso series por alusiones más directas. Por la ambientación, mitología, tono, idiosincrasia nórdica que le da un aire de cuento macabro, las referencias de Border, Lamb o Ego, el anterior trabajo de Hanna Bergholm, están ahí, y luego por el tema en sí el nombre de Servant también sale a la palestra. Con referentes en mano, el filme no pierde tiempo en sentar las bases y saltar a la yugular si lo requiere, dejando claro desde el primer momento tanto para el público como para el personaje de Saga que algo respecto al bebé no es normal. Ante estos comportamientos extraños, lo habitual es que el entorno trate de hacerlos de menos, recalcando que es normal que durante los primeros días o meses haya dificultades con el nuevo miembro de la familia, que solo hay que darle tiempo y crear un vinculo maternal más fuerte.
Por supuesto, con estos consejos en la superficie inofensivos Saga va a estar cada vez más contra las cuerdas. En una sociedad donde los problemas no se abordan de manera directa, donde la cortesía, la educación y las sonrisas están a la orden del día, y donde los conflictos del pasado se usan como arma arrojadiza una vez que el agua ha sobrepasado el vaso, se la va a juzgar de forma silenciosa por su manera de abordar la maternidad y a ojos de los demás, por no intentarlo lo suficiente. Si a este tratamiento se le suman un marido ausente por volver al trabajo y ejercer el rol de padre de familia, una presión por seguir aumentando el número de miembros familiares y un gaslighting de todo el entorno donde la única que parece ver realmente lo que sucede con el neonato es ella, se forma un caldo de cultivo perfecto para que Saga vaya cayendo más en el abismo de la locura y se le cuestione más su papel como madre primeriza.

Y lo cierto es que durante gran parte de Nightborn ese gaslighting es muy efectivo, pues el público puede dudar si lo que sucede con el bebé es fruto de la imaginación de Saga como una metáfora de una maternidad difícil mezclado con la mitología local, o si efectivamente está sucediendo tal y como ella lo siente. Por supuesto, este conflicto al principio de forma insidiosa y al final con consecuencias más visibles que incluyen el body horror va a ir a más hasta que no se pueda ignorar ni por parte de Jon ni por parte de las familias de ambos, haciendo que la tensión entre el matrimonio resulte insalvable y de forma sorprendente, dando una pinceladas de humor muy incómodo que casan bien, similar al tono que tenía Servant.
Aunque en Nightborn haya un entorno de personajes que se presenten en la cabaña remota, al final del día las interpretaciones se sostienen por el núcleo familiar de Saga y Jon, o lo que es lo mismo, Seidi Haarla y Rupet Grint. Ella tiene la interpretación más difícil al mantener ese equilibrio entre el humor y la tensión por todo a lo que se ve sometida, y al mismo tiempo se trata de un personaje que en todo momento se muestra en un entorno vulnerable y cero glamuroso, como puede ser mirándose las marcas del cuerpo ya deformado, en el cuarto de baño en momentos muy íntimos o escenas en las que su psique está bastante fragmentada. En todas ellas Haarla demuestra tener un nulo sentido del ridículo y no teme mostrarse en situaciones que casi que a la mayoría le daría pavor que lo grabasen así. Por su parte Rupert Grint es el contrapunto perfecto, un marido que bajo la excusa de querer lo mejor para ambos hace mansplaining constante, hace oídos sordos de las advertencias de su mujer y también está muy preocupado por la imagen de madre que proyecta su esposa, por lo que la tensión entre ambos está garantizada.
En líneas generales, Nightborn se trata de una historia que combinando el folclore nórdico con el miedo a la maternidad muy notable, pone de manifiesto porque esté miedo es atemporal y no conoce de fronteras.











