Para muchas personas, cuando se les preguntan si conocen a algún autor de terror literario, es normal que la respuesta más común sea nombrar al maestro de maestros Stephen King. Su popularidad ha alcanzado lo que conoce como el nivel “mainstream”, llegando incluso a aquellos lectores que no suelan pararse a leer este tipo de géneros. Para explicar el porqué de su fama y reconocimiento dentro del mundo literario, tendríamos que hacer un repaso por las obras más emblemáticas de su extenso catálogo. Sin embargo, hay un detalle, que algunas personas pasan por alto, el cual podría funcionar como una de las razones por las cuales el autor ha conseguido posicionarse como una deidad dentro del ámbito ficticio literario: muchas de sus obras han sido adelantadas a su tiempo. En este caso, hablamos de The Running Man, y su adaptación cinematográfica por parte de Edgard Wright.
En un futuro distópico no muy lejano, se celebra un programa de televisión llamado “The Running Man”, una competición en la que una persona deberá escapar por todo el país de unos cazadores que harán todo lo posible para eliminarlo. Ben Richards, un padre de familia que vive con su mujer en unas condiciones precarias, trabajando en puestos de cualquier tipo, se dará cuenta de que participar en el concurso puede ser la única forma de salvar la vida de su hija enferma y salir adelante.

Primeramente, hay que recordar que esta obra, al igual que La Larga Marcha, (la cual tuvo una adaptación el mismo año) fueron escritas por King bajo el pseudónimo de Richard Bachman, con el objetivo de no saturar el mercado con los éxitos literarios que estaba teniendo en ese momento. Ambas obras comparten el elemento distópico como el detonante de una historia, en la que los más pobres deben luchar vida o muerte por un premio económico que les salve sus vidas. Como se puede apreciar, esta idea base, fue la que encendió la chispa a que otras obras como Los juegos del hambre, tuvieran su hueco en la historia de la literatura moderna.
The Running Man, a diferencia de otras obras distópicas similares, juega con el poder de la televisión y los medios de comunicación para dotar a la historia de una capa más profunda y analítica, que puede tener sus rimas con el presente que estamos viviendo. Edgar Wright y el guionista Michael Bacall, han tenido muy en cuenta este factor, y han decidido mantener la esencia del libro al completo. El guion de la propuesta cinematográfica es sólido, y recoge los momentos más satisfactorios y épicos que tiene la novela.

Su puesta en escena goza de un divertimento y acción frenética, que ayuda a que las 2 horas que dura la película, se sientan como una hora y media y no caigas en el típico blockbuster explosivo sin alma alguna. Glen Powell está sensacional, y sigue demostrando que los actores todo terreno siguen existiendo y que pueden cargar ellos solitos una película de este tipo. El resto del elenco también está muy bien escogido y se nota una implicación por parte de ellos para ofrecer la mejor versión de la adaptación. Si bien no se logra ver al Wright más creativo y fantasioso en cuanto a términos de dirección se refiere, si podemos notar que el director británico se lo ha pasado pipa rodando este filme.
Ahora bien, cual es el problema, o mejor dicho, ¿Que está obstaculizando a The Running Man para no alcanzar el estrellato más alto en una cartelera dominada por otros blockbusteres? No hay una respuesta clara, pero lo que si podemos afirmar, es que la adaptación llega un poco tarde después de haber visionado tantos productos que presentan una premisa similar. A pesar de que The Running Man ya tuvo su primera adaptación en el año 1987 protagonizada por Arnold Schwarzennger, estas últimas décadas han estado plagas de historias distópicas en las que el divertimento de los de arriba, es la única solución para que los de abajo consigan un hueco en lo alto de la pirámide.

Por todo ello, creo que es importante reivindicar que la novela fue publicada en 1982, mucho antes del inicio de grandes historias que han seguido la misma línea argumental. Stephen King siempre ha sabido retratar los miedos más profundos del ser humano en todas sus formas. Pero también hay que reconocer, su capacidad para adelantarse a un futuro cinematográfico que ha marcado tendencia estos últimos años. Aún con todo el catálogo de historias similares, The Running Man (2025) es una muy buena propuesta dentro de este subgénero que conocemos hoy en día como los universos distópicos realistas.












