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Ratatouille | Filmfilicos blog de cine

Si bien es cierto que Disney Plus llevaba ya unos meses operativo en algunos países, su llegada a España se ha producido hace poco, siendo la situación actual la perfecta excusa para echarle un vistazo a su catálogo, y en mi caso, saldar deudas muy pendientes, que se podrían incluso calificar de sangrantes como es el caso de hoy. Os hablo de Ratatouille.

Rémy es una rata con un olfato muy desarrollado que vive en París y sueña con convertirse en chef, postura que choca con su propia naturaleza como roedor y con los deseos de su padre. Debido a una serie de incidentes y a una travesía por las alcantarillas, Rémy se topará con Gusteau, un aclamado restaurante francés propiedad del chef homónimo y que actualmente se encuentra en horas bajas. En Gusteau, Rémy conocerá a Lingüini, con quien entablará una relación de cooperación y amistad para perseguir su pasión de ser chef.

No es un secreto que uno de los puntos fuertes de Pixar es la capacidad que tienen de otórgales deseos imposibles y sentimientos a objetos inanimados tales como juguetes, coches o robots, así como a otra clase de seres vivos diferentes a los humanos como los bichos, los peces o incluso los monstruos, siendo esta una formula casi infalible y que aquí vuelve a darles grandes resultados. Y pese a que en esta ocasión vuelvan a usar una formula prácticamente perfeccionada por ellos mismos, consigue sorprender en cuanto a su argumento y llevar al espectador a una aventura que no tiene casi ningún bajón.

Ratatouille

Más allá de su planteamiento, es digna de destacar la maestría con la que Brad Bird va presentando la trama y sus subtramas, como van presentando las fichas del puzle (especial mención a la presentación in media res de Rémy y su entorno) y como a cada subtrama le concede el metraje justo a cada una de ellas hasta que se acaban juntándose con la perfección de un reloj. Resulta igualmente sorprendente como se trata de una película, que, a pesar de tener un mensaje muy loable, enternecedor y que no deja de estar presente en todo el metraje, la comedia es la que lleva la delantera. Por supuesto que tiene sus buenas dosis de drama que además les dan matices a los personajes en los momentos clave, pero cuesta pensar en otra cinta de Pixar donde la comedia sea la predominante con resultado inmejorable. Entre los gags que se pueden encontrar bromas y consejos sobre todo lo relacionado con la cocina y el arte culinario o ironías sobre las costumbres y hábitos entre países, y ninguno da puntada sin hilo.

Si a nivel argumental y narrativo es una delicia, su estética no se queda atrás. Desde el primer minuto, señalan como no es casualidad que la acción se tenga lugar en París. Y desde luego los responsables de animación hicieron una magnífica labor de ambientación para la ciudad de la luz. Se crean muy buenos contrastes como ese mundo más oscuro de los roedores entre las alcantarillas o los rincones más inesperados de los edificios en los que todo parece enorme desde el punto de vista de los ratones, con el de la propia París, un sitio al que se trata como una gran ciudad luminosa y con especial detalle en todo el arte culinario, pues la cocina, los recipientes o los ingredientes están cuidadísimos y uno casi los puede oler, saborear y sentir. Igualmente, están medidas al milímetro las calles de la capital francesa, convirtiéndose así en el escenario de escenas de acción y al mismo nivel de las que ya mostró la compañía animada con Los increíbles. Por si fuera poco, la banda sonora de Michael Giacchino tiene momentos en los que juega con el suspense, la comedia y el drama, adaptándose a cada situación y haciendo la película aun más redonda.

Ratatouille

En cuanto a diseño de los personajes, ya sea por su carácter o por su apariencia física, todo y cada unos de los personajes que aparecen en pantalla logra dejar su huella. Rémy, el protagonista, con su deseo de convertirse en chef frente a la postura de su padre sostiene el principal conflicto de identidad a lo largo del metraje, un deseo que le hace cuestionarse su propia naturaleza pero que no siempre resulta tan bondadoso o amigable como pudiera parecer. Está Lingüini, el joven inexperto que va a parar a la cocina de Gusteau y cuya amistad con Rémy es digna de ver y disfrutar; Colette, una joven de gran carácter pero que tiene su buen corazón o el chef Skinner, cuyo aspecto tan paródico y su carácter tan exagerado hacen de él un adversario muy divertido de contemplar. Y hablando de parodia, no podía dejarme en el tintero a Anton Ego, el afamado y avinagrado crítico culinario que representa muy bien las actitudes más destructivas de cierto sector de la crítica, una actitud que justamente fue tratada un año antes con La joven del agua.

Muy en lo personal, la única nota discordante que le podría recriminar es el hecho de que Rémy se pase gran parte de la película con un personaje que actúa a modo de conciencia, dado que es un recurso que si se utiliza en un par de ocasiones no hace daño, pero cuanta más redundancia hay más se agota el recurso. Ese sería el único detalle negativo antes de mandarle las felicitaciones al cocinero.

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