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Vidas pasadas

Con la llegada de diciembre, comienza la tradición de echar la vista atrás, hacer un pequeño balance sobre lo que ha dado de sí el año y elaborar un sinfín de listas para todos los gustos. En mi caso personal también sirve de excusa para recuperar películas o series que puedan haberse escapado del radar durante los últimos once meses con esperanzas de (re)descubrir alguna pequeña joya, como es el caso de hoy.

Nora y HaeSung fueron grandes amigos durante la infancia. Esta amistad tuvo un punto final debido a que Nora con su familia se mudaron de Seúl a Toronto con la promesa de un mejor futuro laboral. Varios años después, Nora está asentada en Nueva York estudiando para ser dramaturga cuando a través de redes sociales HaeSung la encuentra. Ambos retomarán el contacto, recuperando esa conexión del pasado hasta que decidan dar el paso de reencontrarse en persona, y con ese reencuentro los dos se cuestionarán las elecciones de sus vidas.

Hay ocasiones donde la sencillez de una historia sumada con la sensibilidad de directora tras las cámaras son los ingredientes suficientes para lograr una película extraordinaria. Y si bien es cierto que el cine independiente estadounidense se nutre de ejemplos clásicos como Lost in translation o la trilogía de Antes del amanecer que ya forman parte de la cultura popular para contar estas historias de conexión entre dos personajes y sirven como referentes para multitud de filmes, el debut de Celine Song además de la evocación a Sofia Coppola o Richard Linklater también guarda muchas similitudes con la reciente The Farewell del mismo estudio al tener las diferencias culturales entre Oriente y Occidente tan presentes.

Y aunque sea muy fácil ya con cierto bagaje señalar las características del cine indie estadounidense en cuanto a temas, inquietudes, motivos estilísticos, ritmos o estructuras del guion, resulta refrescante encontrarse con una cinta como esta donde uno cree tener muy claro cuál será el desarrollo de los acontecimientos para encontrarse con algo quizás más parecido a lo que hacían Jesse y Celine en Antes del atardecer. Se va viendo a los personajes pasar de la adolescencia a tener breves vistazos de su juventud con mayor o menor éxito para dejarlos en un punto clave de sus vidas: cuando se produce ese tan ansiado reencuentro tanto para ellos como para los espectadores. Y como la propia vida, hay cierto temor en ese reencuentro debido a la carga que lleva cada uno de ellos a sus espaldas, donde no todo es color de rosa ni el reencuentro significa automáticamente una llama de pasión que lo arrasa todo a su paso, sino que hay una gran amalgama de sentimientos y complicaciones que han sembrado el tiempo y la distancia.

Vidas pasadas

Porque a pesar de que el viaje lo emprendan ambos y se siga de cerca las vidas de Nora y HaeSung, la protagonista indiscutible de la película es Nora comandada por una sutil pero a la par inmensa Greta Lee, transparente en todo momento con sus dudas y dividida entre lo que cree que es el sueño de su vida (tener una el trabajo que siempre ha querido y no dejar que ninguna clase de obstáculo en el camino se lo impida) frente a esas relaciones amorosas que va encontrando a lo largo de las etapas mostradas. Sienta bien que la película muestre esas dos facetas de Nora y demuestre que pueden convivir entre ellas por mucho conflicto que generen, pero que en ningún momento Nora se ve obligada a elegir entre su vida laboral y su vida sentimental, afortunadamente, ya que en la vida pocas son las cosas blancas o negras.

Y al igual que esa dualidad entre la Nora de surcoreana frente a la Nora norteamericana, entre la Nora dedicada a su trabajo frente a la Nora más despreocupada y cariñosa con su pareja, con la reaparición de HaeSung en su vida se da otra diatriba más compleja: la de indagar en esos sentimientos entre ambos, del inyun que sirve como leitmotiv para la película. Esa conexión que no tiene porque ser necesariamente romántica, sino que es capaz de trascender el espacio y el tiempo entre dos personas y que es tan compleja de definir a no ser que uno sea testigo de ella como es el caso de los dos personajes protagonistas.

Por si fuera poco, es curioso que el grueso del filme se desarrolle en Nueva York, una ciudad de la que cada uno puede tener una opinión pero que en el fondo todos sentimos que la conocemos de algún modo, se nos han mostrado sus monumentos más icónicos, hemos estado dentro de apartamentos de lujo en Manhattan o buhardillas más modernas en Brooklyn, hemos callejeado por incontables avenidas, callejones y calles como un ciudadano más buscando las mejores cafeterías o tiendas de conveniencia o hemos salido a correr un rato para despejarnos en Central Park. Sin embargo, con la llegada de HaeSung a la ciudad se pone de manifiesto una ciudad que hemos visto mil veces, y por algún extraño motivo, ya sean los inmensos planos generales, la complicidad entre HaeSung y Nora como si fueran los únicos del lugar o la visión de una local (Nora) frente a un neófito en la ciudad (HaeSung) se crea un mosaico donde conviven las dos visiones de la ciudad que termina de redondear el ambiente tan especial de la cinta.

Es posible que para algunos esta conexión entre dos personas y esta sensibilidad sobre la vida les pueda resultar insuficiente, pero una vez ha finalizado deja mucho poso de haber vivido con los personajes un viaje fascinante, y eso es un tesoro magnífico que vale la pena guardar.

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