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Perfect Blue | Reseña de la película

Con la llegada de temperaturas más frías, el plan quedarse en casa bien abrigado con la manta es muy tentador. Y comienza a rondar una vocecilla que insiste en quitarse deudas pendientes de antaño, que es justo lo que me lleva a comentar la película de hoy: Perfect Blue.

Basado en el manga homónimo de Yoshikazu Takeuchi, la historia se centra en Mima, una de las integrantes del grupo CHAM. Sin embargo, debido al poco éxito comercial de sus discos su mánager considera la idea de que Mima pruebe suerte en el mundo de la actuación. Pero lo que parecía un pequeño papel no tardará en subir de tono, de modo que rompa con la imagen angelical de Mima como cantante. Por si fuera poco, su vida se complica más cuando su sombra del pasado parece no dejarla tranquila y cuando cae en la cuenta de que alguien está publicando su vida en internet.

A pesar de su comienzo un tanto más edulcorado centrado el mundo de los ídolos de masas, el tono más oscuro de la película no tarda en hacer acto de presencia. Pero no se trata de una oscuridad relacionada con criaturas sobrenaturales, sino una relacionada con el precio de la fama y la podredumbre que hay en el mundo del espectáculo. Y resulta fascinante como al tirar de los hilos se van desarrollando varias subtramas muy interesantes que acaban convergiendo de forma natural con una maestría apabullante.

Puede que la relación de Mima respecto a lo extraño que le resulta usar un ordenador personal sea el único aspecto del filme que haya quedado desfasado, pero no deja de sorprender como su contenido por desgracia sigue muy vigente. La facilidad con la que se sube todo tipo de contenido a la red, la fina línea que separa al fan del stalker, el hecho de que esos mismos fanáticos creen que pueden decidir todo lo que sucede en la vida de los artistas, el minucioso escrutinio al que están sometidas las cantantes por parte de sus seguidores y de la sociedad, el cómo una puede estar dispuesta a casi todo con el objetivo de triunfar y la deshumanización de dicho proceso. Todas las aristas retratan muy bien el Japón de finales de los años 90, pero son unos temas tan universales que serían reconocibles en cualquier rincón del planeta y que hoy en día no resultan ajenos.

Perfect Blue

Aunque sin duda la mejor baza de la cinta es la confusión. El gran conflicto de Mima en el que su antigua yo la persigue y no la deja en paz es ciertamente estimulante, pero podría quedar reducido a simple juego de dobles. Por fortuna, el espectador también es parte de ese juego, pues las mismas sensaciones de confusión, de no saber distinguir la realidad de lo imaginario e incluso de angustia que tiene Mima las tiene el espectador. Unas sensaciones que se potencian con particular intensidad en el tercer acto, donde cada teoría por muy loca que parezca podría resultar cierta y donde la paranoia campa a sus anchas hasta asfixiar a la protagonista y al público cómplice de la cinta.

Resultan igualmente curiosos los paralelismos que se pueden establecer con esta película y Cisne negro, dado que las protagonistas de ambas cintas comparten muchas características tanto físicas como de personalidad y las historias discurren por caminos similares, especialmente en la figura del doble con los espejos, un progresivo descenso a los infiernos con el objetivo del éxito profesional en disciplinas artísticas o la unión inherente entre sexualidad y violencia (mención aparte al color rojo como símbolo de esa violencia). Pero mientras que en la película de Aronofsky la figura que perseguía a Nina era su lado más oscuro, en el caso de la cinta japonesa quién no deja a Mima es su figura de idol, una doble mucho más luminosa e inocente y que se burla de la Mima actual apelando a ella jamás será aceptada en una sociedad tan reprimida y pudorosa.

El único pequeño defecto que se le puede sacar es que tal vez algunas escenas que tratan de inculcar esa confusión sobre qué es real y qué es fantasía entre el segundo y el tercer acto pueden volverse muy reiterativas. Pero el juego resulta tan fascinante que es inevitable sentirse arrastrado por el intricando puzzle que se presenta hasta que todas las piezas encajan a la perfección.

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