The Rider

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The Rider

Si se mira con lupa la filmografía de Chloé Zhao, especialmente lo que son sus primeros largometrajes, se ve un claro hilo conductor: una fascinación por personas a las que normalmente no se les presta atención, que no tienen vidas glamurosas y todo desde un punto de vista de la pura empatía. Estas inquietudes, o mejor dicho, esta visión le valió el Oscar por Nomadland. Y aunque de forma más reciente ha ido por el camino de la superproducción de la mano de Marvel o por una senda de drama menos sutil pero igualmente poderoso, resulta interesante volver sobre sus pasos para contemplar su estilo más primigenio.

Brady es un joven que es prácticamente una estrella de los rodeos además de un gran entrenador de caballos. Pero esos días parecen haber quedado atrás, pues Brady ha sufrido un accidente con secuelas que lo incapacitan para volver a montar. Sin embargo, él no desiste, ya que ser un cowboy es lo único que conoce, por lo que tratará de retomar el control de su vida y encontrar el significado de su existencia en la América profunda.

Es de agradecer que Chloé Zhao muestre directamente a Brady lidiando con el malestar y las consecuencias del fatídico accidente, demostrando que lo importante no es el evento en sí, un instante traumático, si no lo que queda de Brady tras ese momento. En ese estado tan natural donde la cámara sigue a Brady tratando de recomponerse el público tiene el primer vistazo de su núcleo familiar, su hermana y su padre, donde todos tienen su particular grado de inestabilidad. Brady por su accidente, su hermana Lilly por su autismo y su padre Wayne que se gasta el poco dinero en diversos vicios. Aunque entre toda la adversidad que rodea a la familia, Zhao siempre encuentra pequeños detalles que arrojan luz sobre los personajes, ya sea el vínculo inquebrantable que tiene Brady con los caballos, una reflexiva fogata bajo la estrellas o las visitas al hospital para ver a Lane.

The Rider

Por los temas más introspectivas, los ritmos más pausados de la narración y la belleza de lo cotidiano, lo habitual sería encasillarla dentro de un drama independiente. Pero al tratar de cerca las vivencia un cowboy moderno, no sería descabellado catalogar la película también dentro del western. Uno que no rebosa acción, tensión ni violencia, pero sí deja entrever esa lucha por la sobrevivir tras el ascenso, caída e intento de ascenso de nuevo, la comunión con el entorno rural a base de grandes planos generales y luz natural, o la propia actitud de Brady, de no querer integrarse del todo en un entorno corriente porque ser un vaquero es todo lo que conoce, convirtiéndose casi en una resistencia. Porque, ¿qué sucede cuando el único sueño que se tiene en vida, la única actividad que se sabe hacer bien y que se conoce hasta el punto de ser parte identitaria ya no es viable? Ese es el viaje interior de Brady, una realización dramática pero sin dramatismo en exceso, plasmada como un rito de paso amargo.

Resulta también muy curioso como todos los personajes de la cinta se interpretan así mismos, por lo que ninguno es un actor profesional. Como durante todo el metraje el público y la cámara ven el entorno a través de los ojos del verdadero Brady Jandreau, es normal que su interpretación pueda ser la más destacada por pequeños gestos. La rabia contenida hacia su padre, el amor incondicional por Lilly y lo permisivo que es con ella o la empatía que tiene con Lane, pues no debería ser sorprendente que se vea reflejado en él, son buenos ejemplos de sutileza interpretativa que dicen mucho.

En resumen, es un notable trabajo con el sello autoral de Chloé Zhao para dar forma a una historia sutil pero una vez que termina deja buen poso.

LA NOTA DE FILMFILICOS

EN POCAS PALABRAS

Un peculiar western contemporáneo sobre lo que queda de un vaquero una vez que debe colgar la espuelas.

3,5
Brady JandreauChloé ZhaoCine de EE.UU.Cine independienteDramaLane ScottLilly JandreauTim Jandreau
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Estrenos a vista de trailer (21/8/2026)

Autor/a

Palomiix (AKA Paloma Sztrancman)

Autobiografía: Graduada en Comunicación Audiovisual, pero eso es una simple excusa para pasarme el día viendo películas y series como si no hubiese mañana. Y si a eso le sumamos la lectura tenemos el 90% del tiempo pillado. Frase: "Dame una taza de chocolate y una buena historia. No necesito más para ser feliz".

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